OPINIÓN | Cuando Europa enciende la luz de alarma| JMACGYVER

Hay noticias que merecen más atención de la que reciben. La Comisión Europea considera que, para garantizar una contratación pública sana y competitiva, menos del 10 % de los contratos deberían adjudicarse con un único licitador. España, sin embargo, se sitúa alrededor del 33 %, más del triple del umbral que Bruselas considera aceptable. No es una acusación. Es una advertencia.

La propia Unión Europea explica que un elevado número de contratos con un único licitador constituye una señal de alerta. No demuestra que exista fraude o corrupción, pero sí indica que puede haber un mayor riesgo de favoritismo, colusión o irregularidades y que, por tanto, esos procedimientos merecen un control mucho más riguroso. En otras palabras, Europa no condena; pide vigilar.

Cuando solo se presenta una empresa, desaparece la competencia. Y sin competencia, la Administración pierde capacidad para comparar ofertas, mejorar precios y garantizar que el dinero público se utilice de la forma más eficiente. Si además cada vez menos empresas participan en los concursos porque consideran que las condiciones económicas no compensan los riesgos que asumen, el problema deja de ser puntual y pasa a ser estructural.

España no debería conformarse con estar por encima de la media europea cuando ese dato también supera el límite que la propia Comisión considera saludable. Al contrario, debería preguntarse por qué ha llegado a esa situación y qué medidas son necesarias para reducir ese porcentaje. Porque el objetivo no es discutir con Bruselas, sino recuperar un nivel de competencia que fortalezca la confianza en la contratación pública.

Reflexión final

Las advertencias de Europa no deberían interpretarse como un ataque a nuestro país, sino como una llamada de atención para mejorar aquello que no funciona.

Porque cuando una institución independiente señala un riesgo, lo responsable no es ignorarlo, sino corregirlo.

Y es que los ciudadanos no solo esperan que el dinero público se gestione con honestidad; esperan que se gestione con la máxima transparencia y con todas las garantías posibles. Ahí es donde se fortalece la confianza en las instituciones.

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