Hay partidos que parecen querer apropiarse de palabras que no les pertenecen en exclusiva. Unos se presentan como propietarios del progreso; otros, como guardianes de España, de su bandera o del patriotismo. España no pertenece a ningún partido político. Y la bandera tampoco. Pertenece a quienes libremente la sienten como suya, independientemente de lo que voten.
He trabajado durante muchos años en la Administración y quizá por eso veo algunas cosas de una manera bastante sencilla: al ciudadano no deberían importarle tanto las siglas como que aquello que paga con sus impuestos funcione. No necesitamos que nadie venga a salvar España. Necesitamos que la gobiernen bien. Que administren, que resuelvan problemas y que recuerden quién paga sus sueldos.
Lo preocupante es que hemos llegado a aceptar como normal que una buena idea deje de ser buena dependiendo de quién la proponga. Si la iniciativa sale del adversario, hay que combatirla; si mañana la presentamos nosotros con otro nombre, entonces quizá sea magnífica. Y mientras ellos discuten sobre quién se apunta el tanto, el ciudadano continúa esperando que alguien marque el gol.
Alemania ha demostrado en distintas etapas que adversarios políticos pueden alcanzar grandes acuerdos e incluso gobernar juntos cuando las circunstancias lo requieren. No porque dejaran de discrepar, sino porque determinados problemas exigían responsabilidad por encima de las siglas. Aquí demasiadas veces parece ocurrir lo contrario: si la idea la propone el adversario, ya nace equivocada. Y así es muy difícil construir un país.
Pero quizá también deberíamos mirarnos nosotros. ¿Cuántas veces justificamos en «los nuestros» exactamente aquello que nos indigna cuando lo hacen «los otros»? ¿Cuántas veces votamos una camiseta en lugar de exigir resultados? Ningún partido es España y ningún político debería ser más importante que España. El día que dejemos de buscar salvadores y empecemos a exigir servidores públicos, quizá empecemos a cambiar la política.
JMACGYVER
No escribo para convencer. Escribo para hacer pensar
