OPINIÓN | ACTUALIDAD | Ceuta: cuando cada ministro cuenta una historia diferente | JMACGYVER

Ya está bien de palabras. Ceuta no necesita otra visita ministerial, necesita un Gobierno que gobierne. Primero nos explican que la situación se normaliza; después el presidente de Ceuta dice que cada día que pasa están peor. Sanidad reconoce un sistema «tensionado» pero niega el colapso, mientras las urgencias han aumentado considerablemente. Interior habla de miles de personas pendientes de devolución y desde Ceuta se manejan cifras superiores. ¿Puede alguien explicar a los españoles cuál es exactamente la realidad?

Y ahora sabemos algo todavía más preocupante. Sindicatos de policías y guardias civiles habían advertido hasta seis veces por escrito antes de la entrada masiva. Alertaron del aumento de llegadas, reclamaron instrucciones, refuerzos y hasta instalaciones temporales de acogida. Reuters ha tenido acceso a esos documentos. Interior responde que estudió distintas alternativas. Perfecto. Pero después entraron más de 70.000 personas. Ante semejante resultado, la pregunta no puede esconderse detrás de un comunicado: ¿quién recibió las advertencias, qué decidió hacer y por qué no fue suficiente?

Y mientras los despachos discuten sobre cifras y competencias, están los ceutíes. Una mujer llorando ante Margarita Robles: «Me siento abandonada, tengo miedo». Vecinos que dicen haber enviado a sus hijos a la Península, otros que reconocen permanecer en casa con las persianas bajadas y familias que aseguran no dormir tranquilas. También circulan bulos, y debemos decirlo, pero hay incidentes que las propias fuerzas de seguridad confirman. Cuando tus ciudadanos llegan a tener miedo dentro de una ciudad española, el Gobierno no puede responder únicamente diciéndoles que todo camina hacia la normalidad.

Margarita Robles al menos hizo algo que otros deberían aprender: se paró y escuchó. Y dijo con claridad que Ceuta y Melilla «no se tocan». Bien. Pero escuchar y tranquilizar no sustituye un plan. Juan Jesús Vivas continúa reclamando devoluciones, medios y una estrategia estatal mientras miles de personas permanecen todavía en la ciudad. Y Marruecos acaba demostrando que, cuando quiere desplegar policías, controles, helicópteros y medios para impedir otra entrada, puede hacerlo. ¿De verdad queremos que la seguridad de una frontera exterior de Europa dependa de cuándo Rabat decide abrir o cerrar el grifo?

Aquí alguien tiene que asumir responsabilidades. No me sirve que un ministerio diga una cosa, otro la matice y un tercero llegue días después a explicarnos que están «trabajando». Tampoco me sirve discutir eternamente si quedan 5.000, 8.000 o 9.000 personas. Den una cifra fiable, expliquen el plan, publiquen los recursos necesarios y digan cuándo esperan recuperar la normalidad. Porque cuando los ciudadanos escuchan versiones diferentes de quienes deberían coordinarse, dejan de preguntarse cuál es el problema y empiezan a preguntarse quién les está contando toda la verdad.

Ceuta no necesita más ministros explicando el problema. Necesita un Ejecutivo solucionándolo. Y si hubo advertencias que no fueron atendidas suficientemente, alguien deberá explicar por qué.

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