Hay palabras que no necesitan presentación. Basta escucharlas para saber de dónde vienen o, al menos, para sentirlas cercanas. En Canarias tenemos unas cuantas de esas palabras que forman parte de nuestra manera particular de hablar, de bromear y hasta de llamarnos la atención unos a otros.
Una de ellas es singuango.
—¡Mira que eres singuango!
Más de uno habrá escuchado alguna vez una frase parecida en casa, entre amigos o en boca de nuestros mayores. Y seguramente no hizo falta acudir a ningún diccionario para entender que aquello no era precisamente un elogio.
Pero ¿qué significa realmente singuango?
¿Qué significa singuango?
El Diccionario básico de canarismos, de la Academia Canaria de la Lengua, recoge singuango, ga con el significado de simplón o mentecato.
En el habla cotidiana, sin embargo, la palabra puede adquirir diferentes matices dependiendo del tono y de la situación. Podemos llamar singuango a alguien que está haciendo el bobo, que parece poco espabilado o que acaba de hacer alguna tontería.
Y ahí está precisamente una de las riquezas del habla popular: el diccionario nos proporciona la definición, pero después somos los hablantes quienes llenamos la palabra de intención.
No es lo mismo escuchar:
—¡No seas singuango!
dicho entre amigos y acompañado de una carcajada, que escucharlo durante una discusión.
Como ocurre con tantas expresiones canarias, el tono puede decir casi tanto como la propia palabra.
¿De dónde viene?
Aunque hoy la sintamos muy nuestra, singuango no apareció de la nada.
Los estudios sobre el vocabulario tradicional canario relacionan esta voz con zanguango, palabra del español que se ha utilizado con el sentido de persona indolente o poco dispuesta.
De hecho, la propia Academia Canaria de la Lengua recoge también zanguango, ga y remite directamente a singuango.
Es un buen ejemplo de cómo las palabras viajan y se transforman. Una voz puede existir en otros lugares y, con el paso de las generaciones, adquirir en Canarias una forma, un uso o una frecuencia que termina convirtiéndola en parte característica de nuestra habla.
Porque los canarismos no tienen necesariamente que haber nacido en Canarias. Nuestro vocabulario es el resultado de siglos de contactos, migraciones e influencias culturales.
Singuango, no «singüango»
Aquí aparece una curiosidad.
Al verla escrita, alguien podría pensar que debería llevar diéresis:
singüango
Pero no.
La forma correcta es:
singuango
La explicación es sencilla. La diéresis sobre la u se necesita en combinaciones como güe o güi para indicar que la u debe pronunciarse, como sucede en pingüino o vergüenza.
En gua, sin embargo, la u ya se pronuncia de manera natural.
Por eso escribimos singuango, sin diéresis.
Y, naturalmente, también tenemos singuanga, así como sus plurales singuangos y singuangas.
Una palabra que sigue viva
Lo interesante de palabras como singuango no está únicamente en conocer su definición o averiguar de dónde proceden.
Está también en no perderlas.
El habla de un pueblo guarda parte de su historia. En las palabras quedan las conversaciones de nuestros abuelos, las bromas entre vecinos, las reprimendas de nuestros padres y aquellas expresiones que escuchábamos de pequeños sin preguntarnos nunca de dónde habían salido.
Quizá por eso merece la pena detenerse de vez en cuando ante una palabra aparentemente tan sencilla como singuango.
Porque detrás de ella hay mucho más que una manera de llamar simplón a alguien.
Hay memoria, hay humor y, sobre todo, hay una forma muy nuestra de hablar y entendernos.
Así que, si alguna vez alguien te suelta:
—¡No seas singuango!
ya sabes que, además de estar llamándote poco espabilado, está utilizando una pequeña pieza del patrimonio lingüístico de Canarias.
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