1. Los nombres de los habitantes de las Islas Canarias

A lo largo de la historia, los habitantes de las Islas Canarias han recibido distintas denominaciones. Algunas proceden de los pueblos que habitaban el archipiélago antes de la conquista europea; otras surgieron después, a partir del nombre de cada isla, y otras nacieron como apodos populares que, con el paso del tiempo, terminaron siendo aceptados e incluso utilizados con orgullo por sus propios habitantes.

Por esta razón, es importante no confundir conceptos. Palabras como guanche, bimbache, benahoarita o majo pertenecen fundamentalmente al ámbito histórico y hacen referencia a las antiguas poblaciones insulares. En cambio, tinerfeño, grancanario, lanzaroteño, majorero, palmero, gomero, herreño y graciosero son gentilicios empleados actualmente.

Junto a ellos existen denominaciones populares como chicharrero, canarión o conejero, cuyo origen y significado son diferentes. Algunas nacieron como sobrenombres locales e incluso con carácter burlesco y posteriormente ampliaron su significado.

El caso más conocido es el de chicharrero. Actualmente es frecuente, especialmente fuera de Tenerife, utilizar esta palabra como sinónimo de tinerfeño. Históricamente, sin embargo, el chicharrero era el habitante de Santa Cruz de Tenerife, no el de toda la isla. La extensión posterior del término ha provocado que hoy ambas denominaciones se confundan con frecuencia.

Por ello, al estudiar la historia de Canarias conviene distinguir siempre tres elementos: la denominación de la población prehispánica, el gentilicio que se consolidó posteriormente y las denominaciones populares surgidas por la tradición y las costumbres.

2. Tenerife: de los guanches a los tinerfeños y chicharreros

Los habitantes prehispánicos de Tenerife fueron conocidos como guanches. Aunque posteriormente la palabra guanche se popularizó para hablar de los antiguos habitantes de Canarias en general, históricamente su utilización más precisa corresponde a la población aborigen de Tenerife.

Después de la conquista de la isla, culminada a finales del siglo XV, se produjo una profunda transformación de la sociedad. La población indígena superviviente se integró progresivamente en una nueva sociedad junto con pobladores procedentes de distintos lugares. Con el establecimiento del castellano y la consolidación del nombre de Tenerife, el término tinerfeño pasó a identificar al habitante de la isla.

Muy diferente es el origen de la palabra chicharrero.

El término estuvo históricamente relacionado con los habitantes de Santa Cruz de Tenerife y con el consumo del chicharro, un pescado económico y abundante que formaba parte de la alimentación popular. El sobrenombre tuvo en determinados momentos un carácter burlesco o despectivo, relacionado además con las rivalidades existentes entre poblaciones.

Con el transcurso del tiempo ocurrió algo frecuente con los apodos populares: quienes eran denominados de aquella manera terminaron haciendo suyo el nombre y desapareció gran parte de su significado peyorativo. Chicharrero acabó convirtiéndose en una denominación identitaria de Santa Cruz.

Posteriormente, especialmente desde fuera de Tenerife, el término comenzó a extenderse al conjunto de los habitantes de la isla. De esta manera se hizo habitual llamar chicharrero a cualquier tinerfeño, aunque históricamente esta equivalencia no sea exacta.

Por tanto, debemos distinguir:

Guanche: habitante prehispánico de Tenerife.
Tinerfeño: habitante de Tenerife.
Chicharrero: denominación popular vinculada originalmente a los habitantes de Santa Cruz de Tenerife y posteriormente extendida, por costumbre, a los tinerfeños en general.

3. Gran Canaria: de los antiguos canarios a grancanarios y canariones

Los habitantes prehispánicos de Gran Canaria fueron conocidos como canarios. Este dato resulta especialmente interesante porque una palabra que originalmente estuvo vinculada a una isla terminó dando nombre y gentilicio al conjunto del archipiélago.

Con el paso del tiempo, Canarias se consolidó como denominación del archipiélago y canario pasó a significar habitante de cualquiera de sus islas. Como consecuencia, fue necesario diferenciar al habitante específico de Gran Canaria, para el que se consolidó el gentilicio grancanario.

Junto a este gentilicio encontramos la denominación popular canarión. Se utiliza coloquialmente para referirse a los habitantes de Gran Canaria y forma parte del conjunto de sobrenombres o denominaciones populares desarrollados históricamente entre las islas.

Por ello no debemos confundir al canario prehispánico de Gran Canaria con el significado moderno de canario, que comprende a todos los habitantes del archipiélago.

La evolución puede resumirse así:

Canario: denominación histórica de los habitantes prehispánicos de Gran Canaria.
Canario: posteriormente, gentilicio general de los habitantes del archipiélago canario.
Grancanario: gentilicio actual específico de Gran Canaria.
Canarión: denominación popular o coloquial aplicada a los habitantes de Gran Canaria.

4. Lanzarote: de los majos a lanzaroteños y conejeros

Los antiguos habitantes de Lanzarote fueron conocidos como majos o maxos, denominación relacionada también con los antiguos pobladores de Fuerteventura.

Después de la conquista y de la incorporación de Lanzarote al nuevo orden político y social, el nombre de la propia isla dio lugar al gentilicio lanzaroteño.

Sin embargo, junto a este gentilicio apareció y se consolidó otra denominación profundamente arraigada: conejero.

Conejero pertenece al conjunto de denominaciones populares utilizadas para identificar a los habitantes de determinadas islas. Como ocurrió con otros sobrenombres canarios, su uso tradicional terminó convirtiéndolo en una forma habitual de referirse a los habitantes de Lanzarote.

Actualmente, una persona de Lanzarote puede ser denominada tanto lanzaroteña como conejera, aunque las dos palabras no tienen exactamente el mismo origen histórico: la primera procede directamente del nombre de la isla, mientras que la segunda pertenece a la tradición popular.

Por tanto:

Majo o maxo: antiguo habitante prehispánico de Lanzarote.
Lanzaroteño: gentilicio actual derivado del nombre de la isla.
Conejero: denominación tradicional y popular de sus habitantes.

5. Fuerteventura: de los majos a los majoreros

Los antiguos habitantes de Fuerteventura, al igual que los de Lanzarote, fueron conocidos en las fuentes históricas como majos o maxos, con diferentes variantes documentales.

En Fuerteventura se produjo, sin embargo, una evolución diferente a la de Lanzarote. Mientras que en Lanzarote terminó imponiéndose lanzaroteño como gentilicio y conejero como denominación tradicional, en Fuerteventura se consolidó majorero como gentilicio de sus habitantes.

Por ello, majorero no debe considerarse simplemente un apodo equivalente a chicharrero o conejero. En la actualidad es el gentilicio habitual y plenamente asentado para una persona natural de Fuerteventura.

La relación histórica entre las voces majo, maxo, majorero y otras variantes antiguas es compleja y debe tratarse con cierta prudencia, pues las fuentes históricas presentan distintas grafías e interpretaciones.

De forma sencilla podemos establecer:

Majo o maxo: denominación de los antiguos habitantes de Fuerteventura.
Majorero: gentilicio actual de los habitantes de Fuerteventura.

6. La Palma: de los benahoaritas a los palmeros

Los antiguos habitantes de La Palma son conocidos como benahoaritas, aunque las fuentes también recogen denominaciones como auaritas o awaras.

El término benahoarita está relacionado con Benahoare, uno de los nombres con los que las fuentes identifican la isla en época prehispánica.

Después de la conquista castellana, culminada a finales del siglo XV, el nombre de La Palma se consolidó y de él derivó el gentilicio palmero.

A diferencia de lo sucedido en Tenerife con chicharrero o en Lanzarote con conejero, no se produjo a escala insular la consolidación de un sobrenombre popular que haya desplazado o acompañado con la misma fuerza al gentilicio.

Por tanto:

Benahoarita / auarita: denominación de los antiguos habitantes de La Palma.
Palmero: gentilicio actual de los habitantes de La Palma.

7. La Gomera: la continuidad del nombre gomero

El caso de La Gomera es diferente porque existe una notable continuidad entre la denominación histórica y el gentilicio moderno.

Los antiguos habitantes de la isla aparecen denominados como gomeros, aunque las fuentes históricas también presentan otras formas y variantes.

Después de la conquista, gomero continuó utilizándose como gentilicio de los habitantes de la isla y así ha llegado hasta nuestros días.

Esto significa que una misma palabra puede aparecer en un texto referida a dos realidades históricas diferentes. Cuando hablamos de los antiguos gomeros, nos referimos a la población indígena anterior a la conquista; cuando hablamos de los gomeros actuales, utilizamos simplemente el gentilicio moderno de La Gomera.

Por tanto:

Gomeros: denominación utilizada para los antiguos habitantes de La Gomera.
Gomero: gentilicio actual de los habitantes de la isla.

8. El Hierro: de los bimbaches a los herreños

Los antiguos habitantes de El Hierro fueron conocidos como bimbaches, aunque también encontramos la variante bimbapes.

Tras la conquista y la progresiva desaparición de la sociedad prehispánica como estructura independiente, el término quedó fundamentalmente vinculado al pasado indígena de la isla.

El gentilicio que terminó imponiéndose para sus habitantes fue herreño, derivado del nombre castellano de la isla, El Hierro.

En este caso la distinción resulta especialmente clara:

Bimbache o bimbape: habitante prehispánico de El Hierro.
Herreño: habitante de El Hierro en la actualidad.

La palabra bimbache permanece, sin embargo, como una importante referencia histórica y cultural de la identidad herreña.

9. La Graciosa: los gracioseros

La Graciosa constituye un caso particular y no debe equipararse automáticamente con las demás islas al estudiar las denominaciones de los pueblos prehispánicos.

No se conoce para La Graciosa una población indígena insular diferenciada comparable a los guanches de Tenerife, los bimbaches de El Hierro o los benahoaritas de La Palma. Por ello, no sería correcto atribuirle artificialmente el nombre de un pueblo aborigen propio.

La población estable de La Graciosa pertenece a una etapa histórica muy posterior y su gentilicio es graciosero o graciosera.

Por tanto:

Población prehispánica diferenciada: no corresponde establecer una denominación propia equivalente a la de las demás islas.
Graciosero: gentilicio actual de los habitantes de La Graciosa.

10. De los nombres antiguos a los actuales: por qué cambiaron los gentilicios

La transformación de estas denominaciones es consecuencia de los profundos cambios históricos que experimentó Canarias.

Antes de la conquista europea, las diferentes islas estaban habitadas por poblaciones de origen norteafricano que, debido al aislamiento insular y a su propia evolución histórica, desarrollaron comunidades diferenciadas. Por ello encontramos nombres distintos según la isla: guanches, canarios, majos, benahoaritas, gomeros o bimbaches, entre otros.

La conquista de Canarias y la posterior colonización modificaron profundamente esta realidad. Las antiguas sociedades indígenas desaparecieron como estructuras políticas independientes y surgió una nueva sociedad formada por los descendientes de la población aborigen superviviente y por pobladores llegados principalmente de Europa, junto con personas de otras procedencias.

El castellano terminó convirtiéndose en la lengua dominante y los nombres de las islas dieron origen o consolidaron buena parte de los gentilicios actuales.

Sin embargo, la historia de los nombres no terminó ahí.

Las relaciones entre pueblos e islas, las rivalidades locales, los oficios tradicionales, la alimentación y determinadas características atribuidas popularmente a sus habitantes produjeron numerosos apodos gentilicios. Algunos tuvieron inicialmente un sentido humorístico, burlesco o incluso despectivo.

Con el paso de las generaciones, muchos de estos nombres perdieron su significado negativo. La propia población los adoptó y los convirtió en elementos de identidad.

El ejemplo más representativo es chicharrero. Históricamente no significaba «habitante de Tenerife», sino que estaba vinculado a los habitantes de Santa Cruz de Tenerife. Su progresiva popularización hizo que personas de otras islas y de fuera de Canarias comenzaran a utilizarlo para designar a cualquier tinerfeño. La costumbre terminó extendiendo el significado de la palabra, pero eso no modifica su origen histórico.

Algo parecido, aunque con circunstancias diferentes, sucede con conejero en Lanzarote o canarión en Gran Canaria.

Por ello, cuando estudiamos la Historia de Canarias no debemos considerar todas estas palabras como simples sinónimos. Cada una pertenece a un momento histórico y responde a una realidad determinada.

Los nombres de los habitantes de Canarias son, en definitiva, una pequeña muestra de la propia historia del archipiélago: conservan la memoria del mundo indígena, reflejan las transformaciones producidas después de la conquista y muestran cómo las costumbres populares han creado nuevas formas de identidad que han llegado hasta nuestros días.

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