OPINIÓN | Ceuta: entre todos la mataron y ella sola se murió | JMACGYVER

Han pasado ya demasiados días y Ceuta continúa esperando una solución. Ahora llega la ministra de Sanidad, Mónica García, reconoce que el sistema sanitario está «tensionado» pero niega que exista colapso y reprocha al Gobierno ceutí no haber habilitado suficientes espacios seguros y salubres. Magnífico. Mi pregunta es mucho más sencilla: ¿qué Administración española tiene preparados espacios para recibir de golpe a decenas de miles de personas? Porque exigir metros cuadrados después de que la frontera haya sido desbordada es bastante más fácil que haber evitado que ocurriera.

Y no estamos hablando de una percepción inventada por cuatro vecinos enfadados. El Colegio de Médicos ha denunciado una presión extraordinaria; el presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos se desplazó hasta Ceuta para conocerla personalmente. El CETI ya arrastraba denuncias sindicales por sobreocupación y falta de personal meses antes de esta crisis. Y ahora Interior reconoce 2.168 menores identificados en apenas veinte días, cuando la capacidad ordinaria de acogida de Ceuta estaba dimensionada para una realidad infinitamente menor. ¿De verdad el problema consiste en que Vivas no encontró suficientes habitaciones?

Después están los médicos, policías, guardias civiles, funcionarios, voluntarios y organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno. Cruz Roja continúa repartiendo alimentos incluso en asentamientos improvisados como el aparecido en la playa de El Trampolín. Hay personas durmiendo en playas y hasta noticias de quienes pagan cantidades disparatadas por dormir hacinados en trasteros. Eso tampoco es normalidad. Ni para los ceutíes ni para quienes entraron irregularmente y ahora sobreviven en semejantes condiciones.

Y mientras desde Madrid discutimos si debemos utilizar la palabra «colapso», el presidente de Ceuta lleva días diciendo justamente lo contrario: que la ciudad no ha recuperado la normalidad y necesita una respuesta inmediata. Quizá el problema sea que Ceuta se contempla estupendamente desde la Península durante una visita de unas horas. Yo propondría otra cosa: quédense varios días. Caminen por sus barrios, hablen sin cámaras con médicos, policías, comerciantes, familias y voluntarios. Después regresen a Madrid y explíquennos nuevamente que todo está bajo control.

Porque aquí parece cumplirse aquel viejo dicho: entre todos la mataron y ella sola se murió. Unos no previeron suficientemente lo que podía ocurrir; otros discuten ahora competencias; unos piden espacios, otros devoluciones, otros traslados y mientras tanto pasan los días. Ceuta tiene unos 84.000 habitantes y no posee recursos infinitos. Ayudar humanamente a quien lo necesita es una obligación; abandonar a una ciudad española a una situación que supera claramente sus capacidades no puede convertirse en la solución. El Gobierno de España debe dirigir, coordinar y resolver una crisis que afecta además a una frontera exterior europea.

Cuando médicos, policías, funcionarios, organizaciones humanitarias, ciudadanos y el propio Gobierno de Ceuta dicen que faltan medios, quizá el problema no sea que todos circulen en dirección contraria. Quizá alguien debería preguntarse quién tomó la autopista por el carril equivocado.

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