Los servidores públicos que hicieron posible nuestra libertad
Hay personas que han dedicado toda una vida al servicio de España y de sus ciudadanos. Hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y tantos otros servidores públicos que, llevando uniforme o sin llevarlo, asumieron que servir significaba estar cuando los demás los necesitaban. Muchas veces fueron criticados, incomprendidos e incluso maltratados. Aun así, los buenos profesionales continuaron cumpliendo con su deber, porque su compromiso estaba por encima del ruido político o social del momento.
Nuestra propia Constitución reconoce la trascendencia de esa misión. El artículo 8 encomienda a las Fuerzas Armadas garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Y el artículo 104 establece que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tienen como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana. Dos artículos diferentes, dos responsabilidades distintas, pero una misma idea de fondo: servir y proteger dentro de la Constitución y de la ley.
Y quiero acordarme especialmente de quienes hoy están jubilados. De aquellos servidores públicos que vivieron en primera persona la Transición y la Constitución de 1978. España pasó de una dictadura a un Estado social y democrático de Derecho y a una Monarquía parlamentaria mediante un complejo proceso de reforma, acuerdos y renuncias. En aquel momento delicado, miles de militares, policías, guardias civiles y funcionarios asumieron los profundos cambios institucionales y continuaron prestando servicio bajo el nuevo orden constitucional. Muchos lo hicieron discretamente, sin homenajes y sin pedir reconocimiento.
Naturalmente, ninguna institución formada por personas es perfecta. Hubo buenos y malos funcionarios, decisiones acertadas y errores que no deben ocultarse. Pero sería igualmente injusto olvidar a la inmensa cantidad de profesionales que hicieron correctamente su trabajo y que contribuyeron, generación tras generación, a que las leyes pudieran cumplirse y nuestros derechos ejercerse con normalidad. Porque los derechos escritos sobre un papel necesitan instituciones democráticas y servidores públicos que los protejan conforme a la ley.
Por eso hoy no quiero hablar de siglas, ideologías ni gobiernos. Quiero decir simplemente GRACIAS. Gracias a quienes sirven hoy y a quienes sirvieron ayer. A los que llevan uniforme y a los que trabajan sin él. A quienes recibieron reconocimientos y, especialmente, a quienes se jubilaron silenciosamente después de toda una vida de servicio. A todos y a todas: mi respeto y mi más sentido homenaje. Tal vez hayan sido demasiadas veces los grandes olvidados, pero una sociedad democrática también demuestra su madurez cuando sabe reconocer a quienes la sirven con profesionalidad, lealtad constitucional y vocación de servicio.
JMacGyver.
