Cuando José María Aznar llegó a la Presidencia del Gobierno en 1996, España llevaba casi catorce años gobernada por Felipe González. El desgaste socialista, los escándalos de corrupción y el caso GAL habían marcado los últimos años de aquella etapa. Pero el Partido Popular no obtuvo una victoria arrolladora: ganó por un margen estrecho y necesitó acuerdos parlamentarios para gobernar. Comenzaba así la primera alternancia entre PSOE y PP de nuestra democracia.
Aznar había nacido en Madrid en 1953, era inspector de Hacienda y había presidido Castilla y León antes de convertirse en líder nacional del PP. Manuel Fraga había impulsado su llegada a la dirección del partido, pero Aznar comprendió que para gobernar España necesitaba ampliar el espacio electoral de la derecha hacia el centro. Tras perder frente a González en 1993, consiguió vencerlo en las elecciones del 3 de marzo de 1996 y fue investido presidente en mayo.
Para gobernar tuvo que pactar
Hay un detalle interesante cuando observamos aquella etapa desde la política actual.
El PP necesitaba apoyos.
Aznar alcanzó acuerdos con Convergència i Unió, además de conseguir respaldos del PNV y Coalición Canaria para su investidura. El conocido Pacto del Majestic con CiU permitió que José María Aznar fuera presidente mientras Jordi Pujol conseguía compromisos políticos y competenciales para Cataluña.
Es decir, quien posteriormente sería identificado con un discurso muy firme sobre la unidad de España también pactó con los nacionalistas cuando necesitó sus votos para gobernar.
¿Contradicción?
Puede ser.
O simplemente política parlamentaria.
Los gobiernos en minoría obligan a negociar y, cuando las urnas no entregan una mayoría suficiente, gobernar significa necesariamente hablar con quienes piensan diferente.
Economía, empleo y privatizaciones
La economía constituye una de las partes fundamentales del legado de Aznar.
Durante sus gobiernos España experimentó un periodo importante de crecimiento económico y creación de empleo. El Ejecutivo aplicó políticas de reducción del déficit, liberalización y privatización de grandes empresas públicas.
Telefónica, Endesa, Repsol, Argentaria y otras compañías culminaron o desarrollaron importantes procesos privatizadores durante aquellos años.
Para sus defensores, aquello permitió modernizar la economía, aumentar la competencia, reducir deuda y mejorar la eficiencia.
Para sus críticos, significó desprenderse de empresas estratégicas construidas durante décadas con participación pública y trasladar importantes centros de poder económico al sector privado.
Nuevamente, una misma decisión política puede producir beneficios y tener costes.
No necesito decidir primero quién gobernaba para después valorar la decisión.
España entra en el euro
Uno de los grandes objetivos del primer Gobierno de Aznar fue conseguir que España cumpliera las condiciones necesarias para incorporarse desde el principio a la Unión Económica y Monetaria.
España entró en la primera fase del euro en 1999, y los billetes y monedas comenzaron a circular el 1 de enero de 2002.
Pero, igual que dijimos con Felipe González y la entrada en Europa, tampoco sería correcto atribuir todo aquello a un solo presidente.
La integración europea española era un proyecto desarrollado durante gobiernos anteriores.
Aznar dirigió una etapa fundamental de ese proceso.
Y millones de españoles todavía recordamos perfectamente aquel momento en que comenzamos a hacer mentalmente una operación casi automática:
un euro, 166,386 pesetas.
España estaba cambiando incluso la manera de mirar el precio de un café.
ETA: probablemente uno de los desafíos más duros
Aznar gobernó también durante algunos de los años más difíciles de la lucha contra ETA.
En julio de 1997, la organización terrorista secuestró al concejal del PP Miguel Ángel Blanco y exigió al Gobierno el acercamiento de presos. La sociedad española respondió con movilizaciones multitudinarias.
El Gobierno no cedió.
ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco.
Aquello provocó una reacción social extraordinaria que quedó asociada al llamado espíritu de Ermua.
Pero la política antiterrorista también tuvo momentos de negociación. Durante la tregua declarada por ETA en 1998, el Gobierno autorizó contactos con representantes de la organización. El propio Ejecutivo llegó a utilizar públicamente la expresión «Movimiento Vasco de Liberación» al referirse a su entorno durante aquel proceso.
Recordarlo resulta interesante porque demuestra nuevamente que la política rara vez cabe dentro de los eslóganes posteriores.
Se puede mantener una posición firme contra el terrorismo y, al mismo tiempo, intentar explorar una posibilidad de terminar con él.
La tregua fracasó.
ETA volvió a matar.
2000: llega la mayoría absoluta
Las elecciones de marzo de 2000 cambiaron completamente la posición política de Aznar.
El Partido Popular consiguió 183 diputados.
Ya no necesitaba los acuerdos parlamentarios que habían caracterizado su primera legislatura.
Y aquí vuelve una pregunta que ya apareció con Felipe González:
¿cambia un gobernante cuando deja de necesitar negociar?
Durante aquella segunda legislatura el Gobierno desarrolló su programa con mucha mayor autonomía, pero también comenzó a crecer la confrontación social y política.
Hubo conflictos por la reforma laboral, la educación, el Plan Hidrológico Nacional y otras decisiones.
Y entonces llegó la política internacional.
Irak y la fotografía que marcaría su presidencia
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, Aznar reforzó enormemente su relación con el presidente estadounidense George W. Bush.
España apoyó políticamente la posición estadounidense y británica respecto a Irak.
El 16 de marzo de 2003, Aznar apareció junto a Bush y el primer ministro británico Tony Blair en la conocida Cumbre de las Azores.
La fotografía se convirtió inmediatamente en un símbolo.
Pocos días después comenzó la invasión de Irak.
El Gobierno español defendió su posición basándose, entre otras razones, en las resoluciones internacionales y en la amenaza atribuida al régimen de Saddam Hussein. Una parte muy importante de la sociedad española se manifestó contra la guerra.
Y posteriormente ocurrió algo fundamental:
las armas de destrucción masiva cuya existencia había sido utilizada como argumento central no fueron encontradas.
Aznar ha seguido defendiendo posteriormente aspectos de su decisión y de aquella estrategia internacional.
Pero para muchos españoles la fotografía de las Azores quedó asociada para siempre a su Gobierno.
Aznar decide marcharse
Hay algo que también debemos reconocer.
Aznar había anunciado que permanecería un máximo de ocho años en la Presidencia.
Y cumplió aquella decisión.
No se presentó a las elecciones generales de 2004.
El candidato del Partido Popular sería Mariano Rajoy, que había ocupado diferentes responsabilidades en sus gobiernos.
Todo parecía indicar que las elecciones del 14 de marzo serían disputadas.
Hasta que España sufrió el peor atentado terrorista de su historia.
11 de marzo de 2004
La mañana del 11 de marzo de 2004, varias bombas explotaron en trenes de cercanías de Madrid.
Murieron 193 personas y alrededor de dos mil resultaron heridas.
España quedó paralizada.
Las primeras comunicaciones políticas y públicas prestaron especial atención a ETA como posible responsable. Conforme avanzó la investigación aparecieron indicios que apuntaban hacia el terrorismo yihadista.
La gestión informativa del Gobierno durante aquellas horas provocó una enorme controversia.
Aquí también debemos ser precisos.
No sería correcto afirmar que el Gobierno de Aznar organizó los atentados ni otras teorías conspirativas que posteriormente circularon.
Los atentados fueron obra de una célula yihadista, según establecieron las investigaciones y resoluciones judiciales.
Otra cuestión diferente, y legítimamente discutible, es cómo gestionó el Gobierno la información disponible durante aquellos tres días y hasta qué punto sus primeras interpretaciones estuvieron condicionadas por la posibilidad de una autoría de ETA.
Tres días después, España votó.
El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones.
La etapa Aznar había terminado.
La reflexión de JMACGYVER
¿Qué hacemos entonces con José María Aznar?
Si alguien quiere recordarme el crecimiento económico, la creación de empleo, la entrada en el euro o determinados avances en la lucha contra ETA, tendrá argumentos para hacerlo.
Si otro me recuerda las privatizaciones, Irak, las Azores o la polémica gestión informativa posterior al 11-M, también tendrá argumentos.
El problema comienza cuando cualquiera de los dos pretende que olvide la otra mitad.
Aznar pactó con nacionalistas cuando necesitó sus votos.
Después gobernó con mayoría absoluta.
Dialogó con el entorno de ETA durante una tregua y posteriormente desarrolló una política extraordinariamente dura contra la organización terrorista.
Defendió una política económica que transformó España y tomó decisiones internacionales que dividieron profundamente a la sociedad.
Todo eso fue Aznar.
Y quizá su etapa nos deje nuevamente una enseñanza sobre el poder.
Cuando necesitamos pactar, escuchamos. Cuando tenemos mayoría absoluta, corremos el riesgo de empezar a pensar que escuchar es opcional.
Le ocurrió antes a otros.
Y probablemente les ocurrirá después a otros.
Por eso no me interesa decidir si Aznar fue «bueno» o «malo».
Me interesa algo bastante más útil:
qué hizo, qué consiguió, dónde se equivocó y qué podemos aprender de aquello.
Porque las siglas cambian.
Los nombres cambian.
Pero el poder tiene una sorprendente capacidad para repetir los mismos comportamientos.
JMACGYVER
La Historia política no debería escribirse para demostrar que los nuestros fueron mejores. Debería servir para exigir que quienes vengan después sean mejores que todos ellos.
Continuamos, cronológicamente toca José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011): retirada de Irak, matrimonio igualitario, Ley de Dependencia, Estatuto de Cataluña, negociación y final del proceso con ETA, memoria histórica y, sobre todo, la crisis económica de 2008 y el giro de 2010. Ahí también habrá mucha cal y mucha arena.
