HISTORIA POLÍTICA DE ESPAÑA | Santiago Carrillo: del comunismo de guerra al pacto de la Transición

Pocos políticos españoles del siglo XX permiten observar tantos cambios históricos como Santiago Carrillo. Vivió la Segunda República, la Guerra Civil, casi cuatro décadas de franquismo, el exilio, la clandestinidad y finalmente la recuperación de la democracia. Fue dirigente comunista durante décadas y terminó sentado en las mismas Cortes que antiguos ministros franquistas para construir un nuevo sistema constitucional. Pero su biografía también contiene episodios que todavía hoy provocan una enorme controversia.

Carrillo nació en Gijón en 1915 y comenzó su militancia en las Juventudes Socialistas. Participó en los acontecimientos revolucionarios de octubre de 1934, por los que fue encarcelado hasta 1936. Ese año intervino en la unificación de las juventudes socialistas y comunistas y, ya comenzada la Guerra Civil, ingresó en el Partido Comunista de España. El Congreso recoge que en noviembre de 1936 fue nombrado consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid.

Paracuellos: la parte que no podemos esconder

En noviembre y diciembre de 1936, mientras las tropas sublevadas se aproximaban a Madrid, miles de presos fueron sacados de cárceles madrileñas y asesinados en Paracuellos del Jarama y otros lugares.

Carrillo ocupaba entonces precisamente la responsabilidad de Orden Público en la Junta de Defensa.

Ese hecho está documentado.

Lo que ha provocado durante décadas una enorme discusión es qué sabía exactamente Carrillo, cuándo lo supo y cuál fue su grado de responsabilidad en las matanzas. Existen historiadores que le atribuyen una responsabilidad muy importante y otros que consideran que no está demostrado documentalmente que ordenara personalmente las ejecuciones.

Por eso yo no escribiré que «Carrillo ordenó Paracuellos» como si dispusiéramos de una prueba histórica definitiva.

Pero tampoco esconderé que era el responsable de Orden Público cuando aquellos asesinatos se estaban produciendo.

La Historia no mejora ocultando aquello que nos incomoda.

Casi cuarenta años de comunismo y exilio

Después de la derrota republicana, Carrillo marchó al exilio y fue aumentando su poder dentro del PCE.

En 1956 participó decisivamente en la adopción de la política de Reconciliación Nacional del partido. Cuatro años después, en 1960, fue elegido secretario general del PCE, mientras Dolores Ibárruri, Pasionaria, pasó a ocupar su presidencia.

Aquello representaba una evolución importante.

El objetivo declarado pasaba a ser superar la división surgida de la Guerra Civil y construir una alternativa política al franquismo.

Carrillo continuaba siendo comunista.

Pero el mundo también estaba cambiando.

Con el tiempo, el PCE español desarrollaría junto a otros partidos comunistas occidentales el llamado eurocomunismo, que trataba de distanciarse del modelo soviético y defender una vía democrática y pluralista hacia el socialismo.

Carrillo vuelve clandestinamente a España

Tras la muerte de Franco en noviembre de 1975, Carrillo regresó clandestinamente a España.

Su presencia suponía un enorme problema para el Gobierno.

¿Cómo podían celebrarse unas elecciones democráticas dejando fuera al Partido Comunista?

Pero la pregunta contraria también pesaba enormemente:

¿cómo reaccionarían el Ejército y los sectores más conservadores si Suárez legalizaba al PCE?

Carrillo fue detenido en Madrid el 23 de diciembre de 1976 y puesto en libertad una semana después.

Y entonces llegó uno de los momentos decisivos de la Transición.

Suárez y Carrillo: dos hombres que necesitaban entenderse

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo procedían de mundos aparentemente irreconciliables.

Uno había sido ministro secretario general del Movimiento.

El otro llevaba décadas dirigiendo el Partido Comunista desde el exilio.

Sin embargo, ambos comprendieron que necesitaban negociar.

Los estudios publicados por el propio Congreso señalan que Suárez asumió un riesgo considerable legalizando el PCE frente a la oposición existente en sectores militares. También recogen que, dentro de aquel entendimiento, los comunistas aceptarían la monarquía y la bandera nacional.

El 9 de abril de 1977, Sábado Santo, el Partido Comunista fue legalizado.

La decisión produjo una profunda crisis política y militar.

Pero el PCE podría presentarse a las primeras elecciones democráticas.

De clandestino a diputado

El 15 de junio de 1977, Santiago Carrillo fue elegido diputado por Madrid. El hombre que durante décadas había vivido en la clandestinidad y el exilio entraba ahora legalmente en el Congreso de los Diputados.

Y aquí aparece otro Carrillo.

El Congreso documenta su participación en la Comisión de Constitución de las Cortes Constituyentes.

También participó en los Pactos de la Moncloa. El 25 de octubre de 1977 firmó el acuerdo junto a Adolfo Suárez, Felipe González y los representantes de otras fuerzas políticas para intentar afrontar una situación económica extraordinariamente complicada.

Un antiguo dirigente comunista revolucionario estaba ahora pactando las reglas de convivencia con políticos procedentes de prácticamente todo el espectro ideológico.

También Carrillo tuvo que ceder

Esto me parece fundamental para comprender la Transición.

Suárez cedió.

Carrillo también.

Felipe González cedió.

Fraga también tuvo que aceptar cosas que probablemente no eran las que habría elegido para España.

Ninguno consiguió construir exactamente el país que quería.

Carrillo aceptó una monarquía parlamentaria. El PCE asumió públicamente la bandera rojigualda y participó en el proceso constitucional. Suárez, procedente de las instituciones franquistas, legalizó precisamente al partido que aquellas instituciones habían perseguido durante décadas.

Visto desde hoy parece sencillo.

En 1977 no lo era.

El comunismo empieza a perder fuerza

Las urnas tampoco dieron al PCE el resultado que muchos de sus dirigentes esperaban.

El PSOE se consolidó como la principal fuerza de la izquierda y el Partido Comunista quedó bastante por detrás.

Las tensiones internas aumentaron durante los años siguientes.

En las elecciones de 1982, mientras Felipe González conseguía una histórica mayoría absoluta, el PCE sufrió una importante derrota electoral.

Carrillo abandonó la secretaría general del partido ese mismo año.

Su época como gran dirigente comunista español llegaba a su final.

Murió en Madrid en 2012, a los 97 años.

La reflexión de JMACGYVER

No sé si Santiago Carrillo necesita defensores.

Tampoco fiscales casi noventa años después.

Necesita Historia.

No debemos borrar Paracuellos para poder reconocer su contribución a la Transición. Y tampoco necesitamos convertir Paracuellos en una sentencia histórica no demostrada para negar todo lo que hizo posteriormente.

Ese es precisamente el problema de estudiar personajes incómodos.

Nos gustaría que fueran completamente buenos o completamente malos.

Pero las personas rara vez funcionan así.

Carrillo fue revolucionario, comunista, exiliado, dirigente de un partido clandestino, defensor posterior de la reconciliación nacional, interlocutor de Suárez, diputado y participante en la construcción constitucional.

Y sobre una parte de su actuación durante la Guerra Civil continúa existiendo una controversia histórica que debemos contar, no esconder.

Quizá la Transición nos deje además una enseñanza extraordinaria.

Suárez no necesitó hacerse comunista para hablar con Carrillo. Carrillo tampoco necesitó hacerse franquista para hablar con Suárez.

Tuvieron que hacer algo bastante más difícil:

reconocer que el otro también tenía que formar parte de España.

Y quizá ahí estuvo una de las claves.

Una democracia no comienza cuando desaparecen nuestros adversarios. Comienza cuando aceptamos que tienen exactamente el mismo derecho que nosotros a sentarse a la mesa.

JMACGYVER
Conocer nuestra Historia no significa perdonar ni condenar de antemano. Significa tener el valor de contarla completa.

El siguiente debe ser Manuel Fraga. Cerraría perfectamente el triángulo: después de Suárez y Carrillo, contaríamos cómo un ministro importante del franquismo participó posteriormente en la construcción constitucional, fundó Alianza Popular y terminó siendo una figura fundamental en el origen del actual Partido Popular. Y, como hemos hecho con Carrillo, contaríamos también sus zonas incómodas: su responsabilidad política como ministro, Vitoria en 1976 y su papel posterior en la democracia, sin borrar ninguna de las dos partes.

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