Hay palabras que encontramos en los diccionarios y otras que primero encontramos en nuestra memoria.
Juan Vainas pertenece, para mí, a las segundas.
La decía mi abuelo.
Cuando alguno de sus nietos hacía una tontería, estaba despistado, se mostraba demasiado ingenuo o simplemente hacía alguna de esas cosas propias de los niños, podía aparecer aquel nombre:
—¡Mira que eres Juan Vainas!
—¡Pareces un Juan Vainas!
Durante muchos años uno escucha estas expresiones sin preguntarse de dónde vienen. Forman parte de la familia, de la manera de hablar de nuestros mayores y de aquellos pequeños códigos que todos entendíamos sin necesidad de explicaciones.
Pero ¿quién demonios era Juan Vainas?
¿Qué significa ser un Juan Vainas?
La expresión existe y está documentada.
Aunque presenta diferentes matices dependiendo del país y del lugar donde se emplee, Juan Vainas se ha utilizado para referirse a una persona simple, ingenua, tonta o de poco carácter.
Es decir, algo bastante parecido al sentido con el que recuerdo que la empleaba mi abuelo cuando se dirigía a sus nietos.
No hacía falta que existiera ningún Juan.
Ni que aquel pobre Juan tuviera realmente muchas vainas.
El nombre había terminado convirtiéndose en una manera popular de describir a determinado tipo de persona.
Algo parecido a lo que sucede con otros personajes imaginarios de nuestra lengua: Fulano, Mengano, Perico de los Palotes, Juan Lanas o Juan Bobo.
¿Existió realmente Juan Vainas?
Probablemente esa sea la pregunta equivocada.
No parece que estemos ante un personaje histórico concreto llamado Juan Vainas cuyas aventuras hayan dado origen a la expresión.
Estamos más bien ante uno de esos nombres populares convertidos en personajes genéricos.
Juan es posiblemente uno de los nombres que más veces ha utilizado el español para crear personajes de este tipo.
Tenemos a Juan Nadie, Juan Lanas, Juan Bobo, Juan Pueblo, Juan Palomo, Juan de los Palotes…
Y también tenemos a nuestro protagonista:
Juan Vainas.
Cada uno fue adquiriendo sus propios significados y características dependiendo del lugar y de la tradición popular que lo utilizara.
Una expresión que viajó
Aquí aparece una cuestión especialmente interesante.
Juan Vainas no parece ser una expresión exclusivamente canaria.
Está documentada en distintos lugares de Hispanoamérica, particularmente en Centroamérica, donde encontramos usos relacionados con la persona tonta, ingenua, simple o de poco carácter.
Por tanto, sería incorrecto afirmar que nació en Canarias sin disponer de documentación que lo demuestre.
Pero eso no hace menos interesante que nuestros mayores la utilizaran aquí.
Todo lo contrario.
Canarias y América han mantenido durante siglos una relación humana extraordinariamente intensa. Canarios que marcharon a Cuba, Venezuela, Puerto Rico y otros territorios americanos; familias que regresaron; palabras que cruzaron el Atlántico en ambas direcciones…
Y junto con las personas viajaron también sus maneras de hablar.
¿Llegó Juan Vainas a Canarias desde América?
¿Ya se utilizaba en España y viajó desde aquí hacia el otro lado del Atlántico?
¿Confluyeron distintas tradiciones?
Sin documentación suficiente sería aventurado asegurarlo.
Y quizá reconocer que no lo sabemos sea también una forma de respetar nuestra historia.
De «Juan Vainas» a «singuango» y «tolete»
Lo curioso es que, en la conversación cotidiana, aquel Juan Vainas de mi abuelo podía compartir terreno con otras palabras que todavía reconocemos perfectamente los canarios.
Un singuango.
Un tolete.
Un Juan Vainas.
No son necesariamente sinónimos exactos ni tienen el mismo origen, pero en determinadas situaciones podían cumplir una función parecida: llamar la atención a alguien que acababa de hacer una tontería, estaba poco espabilado o se comportaba ingenuamente.
Y luego estaba el tono.
Porque no era lo mismo llamar a alguien Juan Vainas con enfado que decírselo a un nieto después de alguna trastada.
Muchas expresiones de nuestros mayores podían parecer duras escritas sobre un papel y, sin embargo, pronunciadas con una sonrisa tenían un significado completamente diferente.
El diccionario de nuestros abuelos
Quizá esta sea la parte que más me interesa de esta expresión.
Yo no conocí Juan Vainas buscando palabras antiguas en un diccionario.
Lo conocí escuchando a mi abuelo.
Y seguramente muchas familias canarias conservan expresiones parecidas.
Palabras que utilizaban los abuelos y que los padres todavía recuerdan, pero que los nietos empiezan a dejar de escuchar.
Ese es otro diccionario.
Uno que nunca estuvo encuadernado.
Está formado por las palabras escuchadas alrededor de una mesa, en un patio, trabajando en el campo, junto al mar o durante una conversación familiar.
Un diccionario transmitido de boca en boca.
¿También te llamaron alguna vez «Juan Vainas»?
Tal vez esta expresión no se utilizara igual en todas las Islas. Quizá algunos lectores nunca la hayan escuchado y otros, al leer estas líneas, recuerden inmediatamente a un padre, un abuelo o un vecino diciéndola.
Y precisamente por eso merece la pena recuperarla.
Si en tu casa también se decía Juan Vainas, sería interesante saber en qué isla, en qué pueblo y con qué significado se utilizaba.
Porque quizá entre los recuerdos de unos y otros podamos reconstruir una parte de nuestra forma de hablar que difícilmente encontraremos completa en los diccionarios.
Mi recuerdo empieza con mi abuelo y una frase dirigida a sus nietos:
—¡Mira que eres Juan Vainas!
Ahora sé que aquel personaje tenía una historia mucho más larga de lo que imaginaba.
Y puede que todavía queden muchos Juan Vainas por descubrir en la memoria de nuestros mayores.
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