La España de las tiendas de campaña y la España que muere en silencio

Mientras las cámaras enfocan las tiendas de campaña de la Puerta del Sol, otras noticias empiezan inevitablemente a desaparecer de las portadas.

Y entre ellas, Ceuta.

Hace apenas unos días era uno de los asuntos capaces de concentrar la discusión política. Hoy, con Sol convertida en escenario permanente, la atención vuelve a desplazarse.

Es el funcionamiento vertiginoso de la actualidad española: una polémica no termina; simplemente llega otra que ocupa su lugar.

Ceuta pasa a segundo plano.

Mañana puede ocurrir lo mismo con Begoña Gómez, con una investigación judicial, con una crisis parlamentaria o incluso con la propia acampada.

Y mientras el país salta de una polémica a la siguiente, permanece una cuestión bastante menos espectacular: la vivienda.

Madrid acampa; Cataluña encabeza los lanzamientos

Aquí aparece una contradicción que merece atención.

El gran escenario nacional de la protesta es Madrid, una comunidad gobernada por Isabel Díaz Ayuso, del Partido Popular.

Sin embargo, cuando se observan las estadísticas judiciales, Cataluña aparece desde hace años entre los territorios con mayor incidencia de lanzamientos y ha encabezado las cifras absolutas en distintos periodos.

Cataluña está gobernada por Salvador Illa, del PSC.

Eso no demuestra que exista una estrategia para señalar Madrid y ocultar Cataluña. Pero sí permite formular una pregunta periodística elemental:

¿por qué las cámaras están donde están?

¿Por qué Sol se convierte en símbolo nacional mientras la situación de Cataluña recibe una atención diferente?

La respuesta no puede darse por supuesta. Pero tampoco debería resultar incómodo plantear la pregunta.

Porque si la vivienda es una emergencia social, debe serlo gobierne Ayuso, Illa o Sánchez.

Mientras Sol acampa, L’Hospitalet entierra

Y entonces llegamos a L’Hospitalet.

Primero fue Olga.

Una mujer que había atravesado un desahucio meses antes y cuya muerte provocó posteriormente las denuncias de asociaciones vecinales sobre la respuesta de las administraciones.

Ahora aparece otro caso: un hombre de 60 años encontrado muerto en el local que regentaba y cuyo desahucio estaba próximo.

Las circunstancias concretas de cada suicidio requieren prudencia. Una muerte por suicidio nunca debe reducirse automáticamente a una sola causa y corresponde a las investigaciones establecer los hechos.

Pero aquí existe una diferencia informativa difícil de ignorar.

En Madrid tenemos tiendas, pancartas, asambleas, organizaciones y cámaras.

En L’Hospitalet tenemos dos tragedias humanas relacionadas temporalmente con situaciones de desahucio.

¿Cuál de las dos Españas consigue mantener nuestra atención?

Una protesta por la vivienda que ya habla de mucho más

La acampada madrileña nació alrededor de una reivindicación real: la vivienda.

Pero alrededor de ella han ido confluyendo organizaciones sindicales, movimientos políticos, activistas vinculados a Palestina y colectivos de diferentes sensibilidades de izquierda.

Eso tampoco convierte automáticamente la protesta en ilegítima.

Lo que demuestra es que ya no estamos solamente ante la historia de una familia con problemas de vivienda.

Hay organizaciones.

Hay ideología.

Hay una batalla por el relato.

Y hay colectivos que intentan incorporar sus propias reivindicaciones a una protesta que comenzó hablando del alquiler y los desahucios.

No hace falta inventar ninguna conspiración para observarlo.

La vivienda no tiene carné político

Quizá éste sea el mayor error.

La vivienda no pertenece a la izquierda.

Tampoco pertenece a la derecha.

No pertenece al Sindicato de Inquilinas, al PP, al PSOE, a Podemos, a Vox ni a ningún movimiento que consiga instalar más pancartas en una plaza.

Pertenece al trabajador que entrega medio sueldo para pagar un alquiler.

Al joven que no puede independizarse.

A la familia que teme un lanzamiento.

Al pequeño propietario que depende de una renta.

Al ciudadano que lleva una bandera palestina.

Y también al ciudadano que lleva una bandera española.

Si una protesta pretende representar a quienes sufren la crisis de la vivienda, debería poder entrar en ella cualquier ciudadano sin superar previamente un examen ideológico.

Y mientras discutimos sobre Sol…

Ceuta queda atrás.

Después será otra noticia.

Y después otra.

Ese mecanismo beneficia objetivamente a cualquier poder sometido a una sucesión de controversias: cuantos más asuntos compiten por nuestra atención, menos tiempo permanece cada uno bajo el foco.

Eso no demuestra que Pedro Sánchez haya creado o dirigido la acampada, ni sería riguroso afirmarlo sin pruebas.

Pero el efecto informativo existe independientemente de quién lo provoque.

España estaba hablando de Ceuta.

Ahora habla de Sol.

Mañana hablará de otra cosa.

Y probablemente dentro de unas semanas pocos recordarán los nombres de las personas que hoy protagonizan la crisis de vivienda.

La España que hace ruido y la España que muere en silencio

Ahí está el verdadero contraste.

Una España tiene tiendas de campaña, altavoces, organizaciones, consignas, redes sociales y cámaras de televisión.

La otra apenas tiene nombre.

Olga no tenía una Puerta del Sol.

El comerciante de L’Hospitalet tampoco.

No tenían una plaza nacional convertida en escenario político.

Eran personas atravesando situaciones extremadamente difíciles mientras España discutía sobre otra cosa.

Por eso quizá la pregunta importante no sea solamente quién acampa en Sol.

Ni siquiera quién gobierna Madrid o Cataluña.

La pregunta verdaderamente incómoda es otra:

¿quién decide dónde miramos?

Porque mientras toda España mira las tiendas de campaña de Madrid, Cataluña continúa teniendo un grave problema de vivienda, L’Hospitalet acaba de sufrir dos tragedias y Ceuta ya empieza a desaparecer de las portadas.

Una noticia sustituye a la anterior.

Una polémica tapa a la siguiente.

Y entre tanto ruido político queda esa otra España que no organiza una acampada, no dispone de altavoces y no consigue mantener una cámara delante.

La España que muere en silencio.

«España estaba hablando de Ceuta. Ahora habla de Sol. Mañana hablará de otra cosa» concentra bien la tesis sin afirmar que Sánchez haya provocado deliberadamente el cambio de foco.

JmacGyver.es

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