Ceuta vuelve a mostrarnos una realidad que desde determinados despachos parece resultar incómoda reconocer. Presión sobre la frontera, centros de acogida saturados, ciudadanos preocupados y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad obligados a afrontar una situación extraordinariamente difícil. Y mientras las imágenes hablan por sí solas, desde el Gobierno se intenta transmitir normalidad. Pero repetir que todo está controlado no significa que realmente lo esté.
No estamos hablando únicamente de inmigración. Estamos hablando de fronteras, seguridad y responsabilidad del Estado. España tiene la obligación de auxiliar a quien lo necesite y respetar los derechos humanos, pero también tiene el derecho y el deber de controlar quién entra en su territorio. Defender ambas cosas no es contradictorio. Lo irresponsable es convertir cualquier crítica a la gestión migratoria en una discusión ideológica para evitar hablar del verdadero problema.
Y mientras tanto están quienes dan la cara sobre el terreno: guardias civiles, policías, servicios de emergencia y trabajadores que soportan directamente las consecuencias de las decisiones —o de la falta de decisiones— tomadas a cientos de kilómetros. Resulta demasiado fácil pedir tranquilidad desde un despacho. Mucho más complicado es mantenerla cuando eres tú quien está frente a una frontera sometida a una enorme presión.
También debemos hablar claramente de Marruecos. España necesita mantener buenas relaciones con su vecino, pero cooperación no puede significar dependencia. La seguridad de nuestras fronteras no puede quedar condicionada a que Marruecos decida ejercer mayor o menor control en cada momento. Un Estado soberano debe estar preparado para proteger sus fronteras independientemente de las circunstancias políticas o diplomáticas.
Y sobre todo, no olvidemos algo elemental: Ceuta es España y los ceutíes no son españoles de segunda categoría. No necesitan discursos tranquilizadores ni guerras políticas entre administraciones. Necesitan seguridad, medios y un Gobierno presente. Porque cuando los ciudadanos tienen que enseñar mediante vídeos lo que están viviendo para que el resto del país conozca su realidad, quizá el verdadero problema no esté solamente en la frontera. Quizá esté también en quienes gobiernan y prefieren que no miremos hacia ella.
