OPINIÓN | Ceuta y Melilla: cuando una reivindicación histórica vuelve a llamar a la puerta

Otra vez Ceuta y Melilla vuelven al centro del debate. El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, ha insistido en la reivindicación de Marruecos sobre ambas ciudades autónomas, defendiendo que deben volver a su soberanía mediante el diálogo. No es una declaración nueva: Rabat mantiene esta posición desde hace décadas. Pero llega en un momento especialmente delicado, después de una crisis migratoria que ha puesto a Ceuta al límite y ha generado preocupación entre sus ciudadanos.

España ha respondido reafirmando algo que considera incuestionable: Ceuta y Melilla son ciudades españolas, forman parte de España y también de la Unión Europea. No son una cuestión pendiente ni territorios en negociación. Son dos ciudades con siglos de historia vinculadas a España, con ciudadanos españoles que tienen exactamente los mismos derechos que cualquier otro español.

Aquí aparece una pregunta que muchos ciudadanos se hacen: ¿por qué estas reivindicaciones vuelven con tanta fuerza precisamente cuando la presión migratoria ha convertido a Ceuta en el centro de todas las miradas? Una cosa es mantener una posición diplomática y otra utilizar cualquier circunstancia para abrir un debate sobre la soberanía de un territorio. La frontera sur de Europa no puede convertirse en un tablero donde los ciudadanos sean quienes paguen las consecuencias.

La historia también forma parte de este debate. La historiadora Margarita Torres recordaba recientemente que Ceuta y Melilla tienen una trayectoria histórica milenaria y que el actual Reino de Marruecos es un Estado contemporáneo. Más allá de las interpretaciones políticas, lo que resulta evidente es que ambas ciudades tienen una identidad propia construida durante siglos y que sus habitantes no pueden ser tratados como una simple pieza de negociación.

Y aquí es donde España debe ser clara. La defensa de Ceuta y Melilla no puede depender del Gobierno de turno ni de momentos de tensión diplomática. Debe existir una política de Estado firme, porque después de Ceuta y Melilla siempre aparece la preocupación de algunos ciudadanos sobre otros territorios españoles. No se trata de crear alarmas, sino de recordar que la soberanía nacional no se protege con discursos temporales, sino con presencia, firmeza y planificación.

Porque mientras algunos hablan de mapas y reivindicaciones, en Ceuta viven personas: familias, trabajadores, estudiantes y mayores que solo quieren algo tan sencillo como sentirse protegidos por su propio país. La pregunta no es solamente qué pretende Marruecos. La pregunta que deben responder nuestros gobernantes es otra: ¿está España preparada para defender con hechos aquello que afirma defender con palabras?

JMACGYVER

Las fronteras no solo se dibujan en los mapas. También se defienden con decisiones.

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