Hay imágenes que retratan mejor una legislatura que cien ruedas de prensa.
Este verano, mientras miles de familias vuelven a sacar la calculadora para decidir si llenan el depósito del coche o hacen una compra completa en el supermercado, el presidente del Gobierno ha optado por felicitar las vacaciones… y recomendar una lista de canciones.
Sí, canciones.
No una explicación sobre cómo aliviar el coste de la vida. No un mensaje centrado en quienes este verano trabajan bajo temperaturas extremas. No un plan para quienes ven cómo cada mes la factura de la luz, el combustible o la cesta de la compra dejan menos margen para vivir. Una selección musical.
Uno no puede evitar preguntarse si, además de presidente, Pedro Sánchez ha decidido ejercer también de prescriptor cultural. Porque, a este paso, solo falta que publique las películas imprescindibles del verano o recomiende el mejor destino para quienes, sencillamente, no pueden permitirse salir de casa.
La realidad, sin embargo, es bastante menos musical.
Cada ola de calor dispara el consumo eléctrico. Cada repostaje cuesta más que el anterior. Los alimentos siguen pesando sobre el presupuesto familiar. Y muchos ciudadanos sienten que la presión fiscal no deja de aumentar mientras su poder adquisitivo disminuye.
Entonces llega el mensaje institucional: «Felices vacaciones».
¿Vacaciones para quién?
Para quien no puede llenar el depósito. Para quien renuncia al apartamento de unos días. Para quien cambia la playa por quedarse en casa con el ventilador porque el aire acondicionado supone un gasto que no puede asumir. Para quien mira el precio de un menú en el chiringuito y decide que este año tampoco será.
Mientras tanto, España sigue afrontando problemas que difícilmente se resuelven con una banda sonora: incendios forestales que vuelven cada verano, desafíos en las fronteras como los que afectan a Ceuta, incertidumbre económica y una preocupación creciente por el coste de la vida.
A muchos ciudadanos les viene a la memoria aquel inolvidable Joe Rígoli y su célebre «Yo sigo, yo sigo». La comparación pertenece al terreno del humor, pero refleja una sensación extendida: la de un Gobierno que continúa con su relato mientras una parte de la sociedad insiste en que su realidad cotidiana es muy distinta.
Las canciones pueden acompañar un viaje, pero no pagan la gasolina. No reducen la factura de la luz. No abaratan la compra. Y, desde luego, no convierten en vacaciones lo que para muchas familias será simplemente otro mes intentando llegar a fin de mes.
Quizá la mejor lista de reproducción para este verano no sea una colección de éxitos musicales, sino una de medidas eficaces que permitan a los ciudadanos recuperar algo que hoy parece estar fuera del alcance de muchos: la tranquilidad económica.
Porque desear un feliz verano siempre está bien. Lo realmente difícil es conseguir que los españoles puedan disfrutarlo.
A mis lectores
Escribo estas líneas porque vivo la misma realidad que muchos de vosotros. También pago la luz, el combustible, la compra y veo cómo cada vez cuesta más llegar a fin de mes. Por eso, cuando escucho determinados mensajes políticos, no puedo evitar analizarlos desde la perspectiva del ciudadano de a pie. No pretendo que todos compartan mi opinión; solo invito a reflexionar y a debatir con respeto. Mientras siga viendo esa realidad, seguiré escribiendo. Como decía Joe Rígoli: «Yo sigo, yo sigo», pero con los pies en la calle.
