España tiene 17 comunidades autónomas y dos ciudades con Estatuto de Autonomía, y no están ahí solamente para tener presidentes, parlamentos, consejeros, asesores y coches oficiales. El Estado autonómico significa también asumir responsabilidades. Sanidad, educación y servicios sociales están ampliamente descentralizados, aunque el Estado conserva competencias fundamentales de coordinación, legislación básica y financiación. Por eso, cuando algo funciona mal, resulta demasiado fácil señalar inmediatamente a Madrid. ¿Para qué queremos entonces autonomías si cuando llega el problema nadie parece querer ejercer plenamente sus competencias?
Y aquí aparece Alberto Núñez Feijóo. El líder del PP promete que, si algún día llega a presidente del Gobierno, aumentará alrededor de un 15% las plantillas médicas, mejorará las guardias, abordará las horas extraordinarias, reformará la planificación de personal y mejorará la financiación sanitaria. Me parece estupendo. Es más: muchas de esas propuestas parecen razonables. Pero tengo una pregunta bastante sencilla: señor Feijóo, si su partido gobierna actualmente once comunidades autónomas, ¿por qué esperar a llegar a La Moncloa para empezar a demostrar que su receta funciona?
No soy el único que lo pregunta. El propio Comité de Huelga médico recordó a Feijóo que algunas de sus propuestas pueden aplicarse inmediatamente en las autonomías gobernadas por el PP, precisamente porque las comunidades tienen competencias sanitarias. Ahí tiene Feijóo once magníficos laboratorios políticos. Reduzca listas de espera, mejore las condiciones de los profesionales, refuerce plantillas allí donde sea posible y enseñe después los resultados al resto de España. La mejor campaña electoral no es una promesa: es poder señalar once comunidades y decir «esto es lo que haré porque esto es lo que ya estamos haciendo».
Naturalmente, tampoco voy a hacer trampas. Las comunidades necesitan financiación suficiente, y el sistema autonómico arrastra desde hace años una discusión pendiente sobre suficiencia, población ajustada, envejecimiento, dispersión territorial y coste efectivo de los servicios. El Gobierno ha propuesto para la reforma actualmente en negociación aumentar los recursos autonómicos en 20.975 millones y reducir las diferencias de financiación por habitante. Y también debemos hablar con rigor: País Vasco y Navarra tienen constitucionalmente reconocido un régimen foral diferente, mientras Cataluña pertenece al régimen común. Una cosa es reclamar igualdad y solidaridad territorial y otra inventarnos que todas las comunidades tienen jurídicamente el mismo sistema.
Pero la financiación tampoco puede convertirse en la excusa universal. Aquí gobiernan PSOE, PP y otras formaciones según el territorio, y demasiadas veces tengo la sensación de que todos descubren las competencias cuando pueden presumir del éxito y descubren al Gobierno central cuando tienen que explicar un fracaso. Y mientras tanto, el ciudadano espera una consulta, una operación, una prueba diagnóstica o un especialista. Cambian las siglas y demasiadas veces permanece la misma costumbre: prometer desde la oposición lo que después cuesta muchísimo ejecutar desde el despacho.
Por eso Feijóo tiene ahora una oportunidad extraordinaria. Antes de pedirme el voto para arreglar la sanidad española cuando llegue a La Moncloa, enséñeme qué puede hacer el PP hoy en las once comunidades que gobierna. No podrá ejecutar unilateralmente todo su programa nacional, porque determinadas reformas corresponden al Estado y otras necesitan financiación y coordinación nacional. Pero sí puede demostrar una parte suficientemente importante. Hágalo. Compare resultados. Publique listas de espera homologables. Refuerce plantillas donde sea viable. Mejore la gestión. Y después venga a pedirnos el voto con los deberes hechos.
Porque empiezo a cansarme de políticos que prometen solucionar mañana aquello sobre lo que hoy ya tienen capacidad para actuar. Unos culpan a las autonomías; otros a Madrid; después aparece Bruselas y, si todavía queda algún problema sin responsable, siempre encontraremos una administración anterior a la que cargarle el muerto. Mientras tanto, demasiados permanecen agarrados al sillón, moviéndose menos que el portero de un futbolín, no vaya a ser que desaparezcan de la fotografía.
Señor Feijóo: no me cuente solamente lo que hará si llega a presidente. Enséñeme lo que hace su partido donde ya gobierna. Si funciona, tendrá el mejor argumento electoral posible. Y si no puede hacerlo teniendo once gobiernos autonómicos, tendrá que explicarnos por qué debemos creer que podrá hacerlo desde el duodécimo despacho: el de La Moncloa.
JMACGYVER
Gobernar bien donde ya tienes poder es bastante más convincente que prometer cómo gobernarás cuando tengas todavía más.
