OPINIÓN | Inteligencia artificial (VI): ¿Y todo esto cómo me afecta a mí?

Después de cinco entregas hablando de inteligencia artificial, podemos terminar haciéndonos la pregunta más importante: ¿qué gano yo como ciudadano con todas estas reglas? La respuesta debería ser sencilla: confianza y protección. Saber cuándo estamos interactuando con determinadas inteligencias artificiales, disponer de mayor transparencia ante ciertos contenidos artificiales y contar con garantías cuando esta tecnología pueda afectar a nuestros derechos.

Desde el 2 de agosto de 2026 ya se aplican importantes obligaciones de transparencia. Debemos poder saber cuándo interactuamos directamente con determinados sistemas de IA y existen obligaciones específicas para deepfakes, reconocimiento de emociones, categorización biométrica y ciertos contenidos generados artificialmente destinados a informar sobre asuntos de interés público. Pero cuidado: la ley no obliga a etiquetar absolutamente todo lo realizado con inteligencia artificial; existen condiciones y excepciones que debemos respetar al explicarlo.

También tendremos derechos cuando la inteligencia artificial intervenga en determinadas decisiones importantes. El Reglamento reconoce, en ciertos supuestos relacionados con sistemas de alto riesgo, el derecho a recibir una explicación clara sobre el papel que tuvo la IA en una decisión que nos afecte significativamente. Incluso cualquier persona física o jurídica que considere que se ha infringido el Reglamento puede presentar una reclamación ante la autoridad de vigilancia correspondiente.

Pero ninguna legislación podrá protegernos completamente si nosotros renunciamos al sentido común. La inteligencia artificial no debe sustituir nuestro criterio. Tendremos que aprender a comprobar lo que vemos, desconfiar de una voz sospechosa, no compartir inmediatamente un vídeo escandaloso y entender que detrás de una pantalla puede existir algo completamente diferente de lo que nuestros ojos nos están diciendo.

Después de esta serie sigo pensando exactamente lo mismo que cuando la comencé: no debemos tener miedo a la inteligencia artificial; debemos aprender a utilizarla. Las leyes podrán establecer límites y responsabilidades, pero la última decisión seguirá siendo nuestra. La tecnología cambiará, las máquinas serán cada vez mejores y probablemente esta legislación tendrá que seguir evolucionando. Lo que no debería cambiar nunca es algo mucho más antiguo: nuestra libertad para pensar y nuestro derecho a no ser engañados.

JMACGYVER
La inteligencia artificial puede ayudarnos a construir el futuro. Pero decidir qué futuro queremos seguirá siendo responsabilidad nuestra.

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