El debate sobre la retirada del monumento de Franco de la Rambla de Santa Cruz ha vuelto a abrir una vieja herida de nuestra historia. Sin embargo, mientras toda la atención se centra en esa escultura, muchos ciudadanos se hacen una pregunta lógica: ¿Qué ocurre entonces con la Cruz de los Caídos de la Plaza de España? Porque ambas obras nacieron durante el franquismo y ambas respondían a la visión política de aquella época.
Es cierto que existen diferencias. El monumento de la Rambla fue construido para conmemorar la salida de Franco desde Tenerife rumbo a la sublevación de 1936. La Cruz de los Caídos fue levantada para homenajear a quienes el régimen llamó “Caídos por Dios y por España”. Pero las dos forman parte de una misma etapa histórica que marcó profundamente a varias generaciones de españoles.
Con el paso de los años, la Cruz de los Caídos ha sido reinterpretada. Para unos es un elemento arquitectónico, para otros un símbolo religioso y para otros un espacio de recuerdo. Si una obra puede ser contextualizada y resignificada para adaptarla a los valores democráticos actuales, resulta legítimo preguntarse por qué no podría hacerse lo mismo con el monumento de la Rambla, explicando claramente su origen y su significado histórico.
Mi opinión es sencilla. No se trata de rendir homenaje a Franco ni de justificar una dictadura. Se trata de recordar. La historia no desaparece porque se retire una estatua, pero tampoco debería ocultarse. Quizá la mejor enseñanza para las nuevas generaciones sea contemplar esos monumentos acompañados de una explicación completa de lo que representaron y de las consecuencias que tuvieron. Porque olvidar es fácil; aprender de los errores del pasado es la verdadera responsabilidad de una sociedad madura.
