Llegó a La Moncloa mediante una moción de censura, formó el primer Gobierno de coalición de la democracia reciente y afrontó una pandemia, guerras internacionales y una grave crisis inflacionista. Sus avances sociales y los buenos datos de empleo conviven con los pactos que antes rechazó, los indultos, la amnistía, los casos judiciales de personas de su máxima confianza y la grave crisis de Ceuta.
Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno en junio de 2018 y continúa ocupando el cargo cuando se publica este artículo.
Su presidencia todavía no puede juzgarse con la misma perspectiva histórica que las de Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy. Su mandato permanece abierto y algunos de los acontecimientos que lo rodean todavía se encuentran bajo investigación judicial.
Aun así, después de más de ocho años en La Moncloa, existen suficientes hechos para analizar sus principales luces y sombras.
Y en el caso de Pedro Sánchez hay mucho que contar.
UN POLÍTICO QUE REGRESÓ CUANDO PARECÍA DERROTADO
Pedro Sánchez Pérez-Castejón nació en Madrid en 1972. Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y doctor en Economía.
Fue concejal del Ayuntamiento de Madrid y diputado en el Congreso. En 2014 ganó las primarias y se convirtió en secretario general del PSOE.
Su primera etapa al frente del partido estuvo marcada por las derrotas electorales de 2015 y 2016 y por su negativa a facilitar la investidura de Mariano Rajoy.
Sánchez defendía el «no es no», mientras una parte importante de la dirección socialista consideraba necesario abstenerse para evitar unas terceras elecciones.
El enfrentamiento terminó con su dimisión como secretario general en octubre de 2016. También dejó su escaño para no tener que abstenerse en la investidura de Rajoy.
Muchos pensaron que su carrera política había terminado.
Sin embargo, Sánchez recorrió España para reunirse con los militantes y volvió a presentarse a las primarias del PSOE. En mayo de 2017 derrotó a Susana Díaz, la candidata apoyada por buena parte de la dirección histórica del partido.
Aquel regreso definió una de sus características políticas más importantes: una extraordinaria capacidad de resistencia.
LA MOCIÓN DE CENSURA CONTRA RAJOY
En mayo de 2018, después de conocerse la primera gran sentencia del caso Gürtel, Pedro Sánchez presentó una moción de censura contra Mariano Rajoy.
El PSOE solamente tenía 84 diputados, pero Sánchez consiguió reunir el apoyo de Unidos Podemos, los partidos nacionalistas vascos y diferentes formaciones independentistas catalanas.
El 1 de junio de 2018, la moción fue aprobada con 180 votos. Por primera vez en la democracia española, una moción de censura conseguía derribar a un presidente del Gobierno.
Sánchez llegó así a La Moncloa sin haber ganado unas elecciones generales y con el grupo parlamentario más pequeño que había sostenido hasta entonces a un Gobierno democrático.
Su investidura fue completamente constitucional. Sin embargo, desde aquel momento quedó clara una de las características que marcarían su presidencia: necesitaría apoyarse en partidos con proyectos políticos muy diferentes al del PSOE para poder mantenerse en el poder.
LA EXHUMACIÓN DE FRANCO
Una de las decisiones más simbólicas de su primera etapa fue la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos.
El Gobierno defendió que una democracia no debía mantener al dictador en un gran monumento público junto a numerosas víctimas de la Guerra Civil.
Después de una larga batalla política y judicial, los restos fueron trasladados en octubre de 2019 al cementerio de Mingorrubio.
Para sus defensores, fue una medida necesaria de dignidad democrática. Para sus críticos, Sánchez utilizó la memoria histórica para reabrir divisiones y movilizar políticamente a sus votantes.
DOS ELECCIONES EN UN MISMO AÑO
Sánchez convocó elecciones generales en abril de 2019. El PSOE ganó, pero no obtuvo mayoría suficiente.
Después de meses de negociaciones fracasadas, no consiguió formar Gobierno y España tuvo que repetir las elecciones en noviembre.
El resultado tampoco permitió gobernar en solitario. Sánchez terminó alcanzando un acuerdo con Unidas Podemos y formó el primer Gobierno de coalición de la democracia reciente.
Pedro Sánchez continuó como presidente y Pablo Iglesias se convirtió en vicepresidente.
La coalición era legítima y respondía a los resultados electorales. Pero la decisión contradecía claramente las declaraciones anteriores de Sánchez.
Durante la campaña había afirmado que no dormiría tranquilo si Unidas Podemos controlaba determinadas áreas del Gobierno. Poco tiempo después aceptó a Pablo Iglesias como vicepresidente y entregó varios ministerios a la formación.
Aquel fue uno de sus primeros grandes cambios de posición.
LA PANDEMIA DE COVID-19
Apenas dos meses después de formarse el Gobierno de coalición, España se enfrentó a la mayor emergencia sanitaria vivida en varias generaciones.
En marzo de 2020, el coronavirus comenzó a extenderse rápidamente. Los hospitales se llenaron, faltaron equipos de protección y miles de personas perdieron la vida.
El Gobierno declaró el estado de alarma y ordenó uno de los confinamientos más estrictos de Europa. Millones de ciudadanos permanecieron encerrados en sus casas y se paralizó gran parte de la economía.
La pandemia fue un fenómeno mundial para el que casi ningún país estaba preparado. Sin embargo, la reacción inicial del Gobierno fue criticada por su lentitud, por la falta de material sanitario y por haber permitido actos multitudinarios cuando ya existían señales del peligro.
Las residencias de mayores se convirtieron en el escenario más doloroso de la pandemia. El Gobierno central y las comunidades autónomas se acusaron mutuamente, pero la realidad es que miles de ancianos murieron sin recibir la atención que necesitaban.
El Tribunal Constitucional declaró posteriormente inconstitucionales determinados aspectos del primer estado de alarma. Consideró que la intensidad de las restricciones había supuesto una suspensión de derechos que habría requerido otro instrumento constitucional.
Pero junto a los errores también deben reconocerse los aciertos.
El Gobierno creó los expedientes de regulación temporal de empleo, conocidos como ERTE, que ayudaron a mantener millones de contratos mientras las empresas permanecían cerradas.
También aprobó ayudas para trabajadores autónomos y puso en marcha el ingreso mínimo vital.
Cuando las vacunas estuvieron disponibles, España desarrolló una campaña de vacunación rápida y eficaz. La colaboración entre el Estado, las comunidades autónomas, la Unión Europea y el sistema sanitario permitió recuperar progresivamente la normalidad.
LOS FONDOS EUROPEOS
La Unión Europea reaccionó a la pandemia creando el programa extraordinario Next Generation EU.
España fue uno de sus principales beneficiarios y recibió una enorme cantidad de recursos destinados a modernizar la economía, digitalizar empresas y administraciones, impulsar las energías renovables y mejorar las infraestructuras.
Sánchez participó activamente en las negociaciones europeas y presentó los fondos como una oportunidad histórica.
Su importancia es indudable. Sin embargo, también aparecieron críticas por la burocracia, la lentitud de algunos proyectos, las dificultades de las pequeñas empresas para acceder a las ayudas y la falta de información suficientemente clara sobre su ejecución.
Su éxito definitivo dependerá de que sirvan para transformar el modelo productivo y no solamente para financiar proyectos temporales.
LAS REFORMAS SOCIALES Y LABORALES
Los gobiernos de Sánchez aprobaron numerosas medidas sociales.
El salario mínimo interprofesional aumentó de forma considerable. La decisión mejoró los ingresos de los trabajadores con los sueldos más bajos, aunque empresarios y trabajadores autónomos advirtieron de las dificultades que podía provocar en algunos sectores.
También se aprobó una reforma laboral negociada con sindicatos y organizaciones empresariales. La norma mantuvo una parte de la flexibilidad de la reforma de Rajoy, pero reforzó la contratación indefinida y redujo notablemente la temporalidad estadística.
Se creó el ingreso mínimo vital, se revalorizaron las pensiones conforme a la inflación y se aprobaron la ley de eutanasia y distintas normas relacionadas con la igualdad y los derechos de las personas LGTBI.
Estas medidas constituyen una parte importante del legado social de Pedro Sánchez.
LA LEY DEL «SOLO SÍ ES SÍ»
Una de las reformas más polémicas fue la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, conocida como ley del «solo sí es sí».
Su finalidad era legítima: situar el consentimiento en el centro de los delitos sexuales y ofrecer una protección más amplia a las víctimas.
Sin embargo, la modificación de las penas permitió que numerosos delincuentes sexuales solicitaran revisiones de sus condenas. Algunos consiguieron reducciones y otros salieron antes de prisión.
El Gobierno negó inicialmente que el problema fuera consecuencia de la ley y tardó demasiado en reaccionar.
La coalición se dividió. El PSOE terminó apoyando una reforma de la norma frente al rechazo de sus socios de Unidas Podemos.
El episodio demostró que las buenas intenciones no son suficientes. Una ley penal exige rigor, previsión y atención a las advertencias jurídicas.
LOS INDULTOS DEL PROCÉS
En junio de 2021, el Gobierno concedió indultos parciales a los dirigentes independentistas catalanes condenados por los hechos de 2017.
Sánchez defendió que la medida era necesaria para reducir la confrontación y favorecer la convivencia en Cataluña.
Sus partidarios sostienen que el resultado le ha dado parcialmente la razón: la tensión institucional ha disminuido y el independentismo ha perdido parte de su fuerza electoral.
Sus críticos recuerdan que Sánchez había asegurado que los condenados debían cumplir íntegramente sus penas. También había defendido años antes que los indultos políticos debían desaparecer.
Los indultos fueron legales, pero representaron una nueva contradicción entre lo prometido y lo realizado.
LOS ACUERDOS CON EH BILDU
Algo parecido ocurrió con EH Bildu.
Pedro Sánchez había afirmado en distintas ocasiones que no pactaría con esta formación. En una entrevista llegó a decir:
«Con Bildu no vamos a pactar; si quiere se lo digo cinco veces o veinte».
Posteriormente, el Gobierno negoció con EH Bildu diferentes iniciativas y recibió su apoyo para aprobar presupuestos, decretos y otras medidas parlamentarias.
Debe aclararse que el PSOE no formó un Gobierno de coalición con EH Bildu. Pactar medidas concretas tampoco significa compartir todo su programa.
Sin embargo, sí existieron acuerdos y apoyos parlamentarios que contradecían las afirmaciones anteriores de Sánchez.
Esta relación resulta especialmente sensible para muchas víctimas de ETA, que consideran insuficiente la revisión del pasado realizada por algunos dirigentes de la izquierda abertzale.
LA GUERRA DE UCRANIA Y LA INFLACIÓN
La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 provocó una nueva crisis internacional.
España apoyó a Ucrania, participó en las sanciones europeas contra Rusia y envió ayuda económica, humanitaria y militar.
La guerra agravó el aumento de los precios de la energía y los alimentos. La inflación redujo el poder adquisitivo de las familias y elevó los costes de empresas y trabajadores autónomos.
El Gobierno aprobó ayudas al transporte público, descuentos en los carburantes y rebajas fiscales sobre la electricidad.
España y Portugal consiguieron además la llamada «excepción ibérica», un mecanismo que limitó temporalmente el efecto del precio del gas sobre el mercado eléctrico.
La economía resistió mejor de lo esperado, pero el aumento del coste de la vida golpeó duramente a muchas familias.
EL CAMBIO DE POSICIÓN SOBRE EL SÁHARA
Otra de las decisiones más discutidas fue el cambio de la posición española sobre el Sáhara Occidental.
Sánchez respaldó la propuesta marroquí de autonomía como la opción más seria para resolver el conflicto.
La decisión supuso una modificación importante de la posición mantenida tradicionalmente por España. Además, se conoció mediante una comunicación del Gobierno marroquí antes de que el presidente la explicara adecuadamente ante el Parlamento.
El cambio provocó una crisis diplomática con Argelia, un país fundamental para el suministro energético de España.
El Gobierno defendió que era necesario reconstruir una relación estable con Marruecos. Sus críticos consideraron que Sánchez realizó una concesión sin suficiente transparencia y sin explicar qué había recibido España a cambio.
LAS ELECCIONES DE 2023
Después de los malos resultados socialistas en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023, Sánchez sorprendió convocando elecciones generales para el 23 de julio.
El Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo fue la fuerza más votada y obtuvo 137 diputados. El PSOE quedó segundo con 121, pero resistió mejor de lo que habían pronosticado muchas encuestas.
Feijóo no consiguió reunir los apoyos necesarios para ser investido.
Sánchez construyó una mayoría con Sumar, los partidos nacionalistas vascos y gallegos y las formaciones independentistas catalanas. Fue investido en noviembre de 2023 con 179 votos.
Para conseguir el apoyo de Junts, el partido de Carles Puigdemont, aceptó impulsar una ley de amnistía.
LA AMNISTÍA
La amnistía se convirtió en una de las decisiones más controvertidas de toda su presidencia.
Antes de las elecciones, Sánchez y varios de sus ministros habían rechazado que esa medida tuviera cabida en el ordenamiento constitucional.
Después de necesitar los votos de Junts para ser investido, Sánchez reconoció su cambio de opinión y defendió la amnistía como una herramienta para cerrar el conflicto catalán.
La ley fue aprobada en 2024 entre manifestaciones, recursos judiciales y una enorme confrontación política.
Sus defensores sostienen que ha contribuido a normalizar la situación en Cataluña y debe ser juzgada por sus resultados.
Sus críticos consideran que se concedió para conseguir los votos que permitieron a Sánchez continuar en La Moncloa.
La diferencia respecto a los indultos es importante. El indulto perdona total o parcialmente una pena, pero mantiene la existencia del delito. La amnistía elimina las consecuencias penales, administrativas o contables de los actos incluidos.
La controversia ha llegado al Tribunal Constitucional y a los tribunales europeos. Las resoluciones judiciales deben respetarse, pero la discusión política sobre la oportunidad de la medida continuará durante años.
La pregunta es inevitable: ¿habría aprobado Sánchez la amnistía si no hubiera necesitado los votos de Junts?
UNA LEGISLATURA DE DIFÍCIL GOBERNABILIDAD
El Gobierno surgido de las elecciones de 2023 depende de una mayoría formada por partidos con objetivos muy distintos.
Cada votación importante exige largas negociaciones y concesiones. La aprobación de presupuestos y determinadas leyes se ha vuelto especialmente difícil.
El Gobierno afirma que dialogar con fuerzas diferentes demuestra la pluralidad del país.
La oposición considera que Sánchez ha entregado una capacidad excesiva de decisión a partidos independentistas con pocos diputados en el conjunto de España.
La fragmentación parlamentaria es consecuencia del voto de los ciudadanos y no fue creada exclusivamente por Sánchez. Sin embargo, el presidente decidió gobernar con esa mayoría y debe asumir sus costes.
ÁBALOS, KOLDO Y LA CORRUPCIÓN
El caso relacionado con José Luis Ábalos y Koldo García provocó uno de los mayores golpes sufridos por el PSOE durante la presidencia de Sánchez.
Ábalos no era un dirigente secundario. Fue secretario de Organización del PSOE, ministro de Transportes y una persona fundamental en el regreso de Sánchez a la dirección del partido.
Koldo García fue uno de sus principales colaboradores.
La investigación comenzó por posibles comisiones relacionadas con contratos de mascarillas y material sanitario durante la pandemia.
En junio de 2026, el Tribunal Supremo condenó a José Luis Ábalos a 24 años y tres meses de prisión por distintos delitos de corrupción. Koldo García también recibió una elevada condena.
Los hechos fueron especialmente graves por dos razones.
En primer lugar, afectaban a un antiguo ministro y estrecho colaborador del presidente. En segundo lugar, estaban relacionados con contratos realizados durante una emergencia sanitaria en la que miles de españoles estaban muriendo.
Pedro Sánchez no fue acusado de participar en los delitos. Sin embargo, existe una responsabilidad política por haber elegido a Ábalos, haber depositado en él una enorme confianza y no haber detectado lo que sucedía a su alrededor.
EL CASO DE SANTOS CERDÁN
Santos Cerdán sucedió a Ábalos como secretario de Organización del PSOE y fue otra persona de máxima confianza del presidente.
También desempeñó un papel decisivo en las negociaciones con Junts para conseguir la investidura de Sánchez.
Cerdán terminó relacionado con una investigación derivada del caso Koldo sobre presuntas comisiones en adjudicaciones de obras públicas.
Después de conocerse los informes que lo señalaban, abandonó sus responsabilidades dentro del PSOE y dejó su escaño.
Su situación no debe confundirse con la de Ábalos. Mientras Ábalos ya ha sido condenado, Santos Cerdán continúa dentro de un procedimiento y conserva su derecho a la presunción de inocencia.
Políticamente, no obstante, el daño es enorme.
Dos secretarios de Organización elegidos durante la etapa de Pedro Sánchez, Ábalos y Cerdán, terminaron relacionados con uno de los mayores escándalos sufridos por el PSOE en los últimos años.
LA SITUACIÓN JUDICIAL DE BEGOÑA GÓMEZ
Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, quedó encausada por diferentes actuaciones relacionadas con su actividad profesional y con un programa universitario que dirigía.
Las acusaciones sostienen que pudo utilizar su relación con el presidente para favorecer intereses profesionales. Su defensa afirma que no cometió ningún delito y que la causa se ha utilizado políticamente contra Sánchez.
La Fiscalía ha solicitado el archivo o la absolución al considerar que los hechos investigados no constituyen delito.
Por tanto, sería incorrecto presentarla como culpable mientras no exista una sentencia condenatoria.
Pero también sería incorrecto ocultar que su situación judicial ha provocado una grave crisis para el presidente.
En abril de 2024, Sánchez suspendió durante varios días su agenda para reflexionar sobre si debía continuar en el cargo. Finalmente decidió seguir, denunciando una campaña de acoso contra su familia.
Para sus partidarios, mostró el coste humano de la política. Para sus críticos, utilizó su situación personal para movilizar a sus seguidores y presentarse como víctima mientras existía una investigación judicial.
LA CONDENA DE DAVID SÁNCHEZ
David Sánchez, hermano del presidente, fue investigado por las circunstancias que rodearon su contratación en la Diputación de Badajoz.
En julio de 2026 fue condenado a nueve años de inhabilitación para ejercer empleo o cargo público por un delito de prevaricación administrativa relacionado con la creación y adjudicación de su puesto.
Fue absuelto del delito de tráfico de influencias. Por tanto, no se demostró que utilizara la posición de su hermano para presionar a los responsables de la contratación.
Tampoco se probó que Pedro Sánchez participara en aquellos hechos.
Sin embargo, la condena de su hermano, unida a la causa de su esposa y a los casos de Ábalos y Cerdán, aumentó enormemente la presión política sobre el presidente.
EL GOLPE A LA GOBERNABILIDAD
La acumulación de escándalos deterioró la imagen del Gobierno.
La oposición reclamó elecciones anticipadas y acusó a Sánchez de aplicar una doble vara de medir: llegó al poder mediante una moción de censura motivada por la corrupción del Partido Popular, pero rechazaba dimitir cuando los escándalos afectaban a sus colaboradores y familiares.
Sánchez respondió que no existía ninguna acusación contra él y defendió que su Gobierno continuaba funcionando.
Desde el punto de vista jurídico, el presidente no puede ser considerado responsable de los delitos cometidos por otras personas.
Desde el punto de vista político, debe explicar por qué dos de sus máximos responsables de organización, un antiguo ministro y personas de su entorno terminaron implicados en procedimientos tan graves.
LA CRISIS DE CEUTA DE 2026
A finales de julio de 2026 se produjo una entrada masiva de migrantes en Ceuta que desbordó la capacidad de la ciudad y provocó una grave emergencia humanitaria, política y de seguridad.
Más de 70.000 personas atravesaron la frontera en un periodo muy breve. Los servicios públicos quedaron saturados y numerosas personas perdieron la vida.
La dimensión de la crisis mostró una preocupante falta de previsión.
También aparecieron versiones contradictorias sobre las advertencias recibidas previamente y la información de la que disponía el Gobierno.
Los departamentos de Defensa e Interior ofrecieron explicaciones diferentes sobre los avisos. Las discrepancias transmitieron la imagen de un Gobierno descoordinado durante una emergencia que afectaba directamente a la seguridad y a la frontera española.
Sánchez afirmó que no existían pruebas suficientes para acusar al Gobierno marroquí de haber organizado deliberadamente la entrada masiva.
Sin embargo, un informe policial señaló una pasividad extraordinaria de las fuerzas marroquíes durante las horas más graves. El propio presidente reconoció que la policía de Marruecos permitió que se cruzara la frontera, aunque dijo que no podía determinarse si aquello se debió a una decisión deliberada o a su incapacidad para controlar la situación.
Marruecos negó haber organizado la crisis.
España rechazó además cualquier discusión sobre la soberanía de Ceuta y Melilla después de que dirigentes marroquíes volvieran a expresar sus reivindicaciones sobre ambas ciudades.
El Gobierno consiguió que la mayoría de quienes habían entrado regresaran a Marruecos y solicitó ayuda a la Unión Europea. Aun así, tardó casi un mes en pedir apoyo a Frontex y miles de personas permanecieron en Ceuta, poniendo al límite sus servicios.
La crisis dejó demasiadas preguntas abiertas:
- ¿Por qué no se anticipó una concentración tan grande junto a la frontera?
- ¿Qué avisos recibieron Defensa e Interior?
- ¿Por qué ofrecieron versiones diferentes?
- ¿Qué papel desempeñaron las autoridades marroquíes?
- ¿Condicionó la relación política con Marruecos la respuesta del Gobierno?
- ¿Por qué se tardó tanto en solicitar determinada ayuda europea?
Ceuta se convirtió así en una de las mayores sombras de la presidencia de Sánchez: falta de previsión, descoordinación, explicaciones contradictorias y una respuesta considerada insuficiente por buena parte de los españoles.
LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO
Durante la presidencia de Sánchez, España alcanzó cifras históricas de afiliación a la Seguridad Social y redujo notablemente la temporalidad laboral.
La economía mostró una considerable capacidad de recuperación después de la pandemia y creció por encima de varias grandes economías europeas durante distintos periodos.
El turismo, las exportaciones de servicios, la inmigración, el consumo y los fondos europeos contribuyeron al crecimiento.
Pero los buenos datos generales conviven con problemas profundos.
La deuda pública continúa siendo muy elevada, la productividad avanza lentamente y el desempleo español sigue encontrándose entre los más altos de la Unión Europea.
Muchas personas no perciben la mejora porque los alimentos, la energía y especialmente la vivienda se han encarecido.
EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA
El acceso a una vivienda se ha convertido en uno de los mayores problemas del país.
Para numerosos jóvenes, incluso tener trabajo no garantiza la posibilidad de independizarse o formar una familia.
El Gobierno aprobó una ley de vivienda, limitaciones en determinadas zonas y programas de construcción pública.
Sin embargo, el precio del alquiler y de la compra continuó aumentando en muchas ciudades. La oferta sigue siendo insuficiente y algunas medidas generaron inseguridad entre pequeños propietarios.
Después de años de anuncios, el problema está lejos de resolverse.
LA POLARIZACIÓN
La política española se volvió cada vez más agresiva durante la presidencia de Sánchez.
El Gobierno acusa al Partido Popular y a Vox de no aceptar la legitimidad de una mayoría progresista. La oposición acusa a Sánchez de debilitar las instituciones y dividir a la sociedad para mantenerse en el poder.
Los insultos, la descalificación personal y las acusaciones extremas se han convertido en elementos habituales del debate.
La responsabilidad no pertenece solamente a Sánchez. También corresponde a la oposición, a determinados medios, a las redes sociales y a una sociedad dividida en bloques.
Pero el presidente tiene una responsabilidad especial. Sánchez ha demostrado una gran capacidad para movilizar a sus seguidores frente a sus adversarios, pero mucha menos para reducir la tensión entre los españoles.
LAS LUCES DE PEDRO SÁNCHEZ
Entre los principales logros de su presidencia pueden señalarse:
- La creación de los ERTE para proteger millones de empleos durante la pandemia.
- Una campaña de vacunación rápida y eficaz.
- La obtención de los fondos europeos de recuperación.
- El considerable aumento del salario mínimo interprofesional.
- La reducción de la temporalidad laboral.
- La creación del ingreso mínimo vital.
- La revalorización de las pensiones conforme a la inflación.
- La aprobación de la ley de eutanasia y otras reformas sociales.
- La recuperación económica después de la pandemia.
- Las elevadas cifras de afiliación a la Seguridad Social.
- La reducción de la tensión institucional en Cataluña.
- El apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa.
- La aprobación de medidas para amortiguar el aumento de los precios.
- Su capacidad para mantener gobiernos y mayorías en circunstancias extraordinariamente difíciles.
LAS SOMBRAS DE PEDRO SÁNCHEZ
Entre sus principales errores, contradicciones y controversias destacan:
- Afirmar que no gobernaría con Pablo Iglesias y terminar formando con él un Gobierno de coalición.
- Asegurar que no pactaría con EH Bildu y depender posteriormente de sus votos.
- Defender que los responsables del procés cumplirían sus condenas y concederles después los indultos.
- Rechazar la amnistía antes de las elecciones de 2023 y aprobarla cuando necesitó los votos de Junts.
- La impresión de que algunas decisiones responden más a su supervivencia política que a unas convicciones estables.
- Los errores iniciales y la falta de previsión durante la pandemia.
- Las consecuencias no previstas de la ley del «solo sí es sí».
- La falta de transparencia en el cambio de posición sobre el Sáhara Occidental.
- La condena por corrupción de José Luis Ábalos, antiguo ministro y secretario de Organización del PSOE.
- La investigación de Santos Cerdán, otro secretario de Organización y estrecho colaborador del presidente.
- La causa judicial de su esposa, aunque no exista condena y la Fiscalía solicite su absolución.
- La condena de su hermano por prevaricación, sin que se haya probado la intervención del presidente.
- La falta de explicaciones suficientemente claras ante los escándalos de su entorno político.
- La grave crisis de Ceuta de 2026.
- Las contradicciones entre Defensa e Interior sobre los avisos previos.
- La dificultad para aprobar presupuestos y mantener una mayoría estable.
- La dependencia parlamentaria de partidos independentistas.
- El crecimiento de la deuda pública.
- La persistencia del desempleo, la baja productividad y el problema de la vivienda.
- El aumento de la polarización política e institucional.
MI REFLEXIÓN
Pedro Sánchez es probablemente el presidente con mayor capacidad de supervivencia política de la democracia española.
Regresó después de haber sido expulsado de la dirección de su partido, llegó a La Moncloa con 84 diputados, formó un Gobierno de coalición y sobrevivió a una pandemia, guerras internacionales, la inflación y numerosas crisis parlamentarias y judiciales.
Esa capacidad de resistencia es extraordinaria. Pero también se ha convertido en su mayor sombra.
Sánchez dijo que no gobernaría con Pablo Iglesias y terminó haciéndolo. Aseguró que no pactaría con EH Bildu y después necesitó sus votos. Defendió que los condenados del procés cumplirían sus penas y concedió los indultos. Rechazó la amnistía y la aprobó cuando resultó imprescindible para su investidura.
Un gobernante puede cambiar de opinión. En ocasiones, rectificar es una obligación.
Lo difícil de aceptar es que tantos cambios coincidan exactamente con aquello que necesita para mantenerse en el poder.
A estas contradicciones se suma la corrupción.
José Luis Ábalos, antiguo ministro y secretario de Organización, ha sido condenado. Santos Cerdán, otro hombre de la máxima confianza de Sánchez, se encuentra investigado. Su esposa está encausada y su hermano ha sido condenado por prevaricación.
Pedro Sánchez no debe ser declarado responsable de los actos de otras personas si no existen pruebas contra él. Pero tampoco puede presentarse como un simple espectador.
Un presidente tiene responsabilidad política por las personas que elige, por los controles que establece y por la rapidez con la que actúa cuando aparecen indicios graves.
La crisis de Ceuta añadió otra muestra preocupante de falta de previsión y coordinación. Cuando Defensa e Interior ofrecen versiones diferentes durante una emergencia fronteriza, la responsabilidad última corresponde al presidente del Gobierno.
Sería injusto borrar sus logros. Los ERTE protegieron empleos, aumentó el salario mínimo, se redujo la temporalidad y España recuperó el crecimiento. También se ampliaron derechos sociales y disminuyó la tensión en Cataluña.
Pero los avances económicos y sociales no eliminan las contradicciones ni los casos que afectan a su entorno.
El gran problema de Sánchez es la pérdida de confianza. Muchos ciudadanos ya no discuten solamente si sus decisiones son acertadas o equivocadas. Dudan de que sus promesas conserven algún valor cuando cambian las necesidades parlamentarias.
Su historia todavía no ha terminado. Pero puede afirmarse que ha sido un presidente extraordinariamente eficaz para resistir, negociar y conservar el poder, aunque mucho menos eficaz para unir a los españoles y convencerlos de que existen principios que no dependen del resultado de una investidura.
La pregunta que dejará su presidencia será inevitable:
¿Hasta dónde puede cambiar de opinión un gobernante antes de que su capacidad de adaptación se convierta en falta de palabra?
UNA HISTORIA TODAVÍA SIN TERMINAR
El balance definitivo de Pedro Sánchez solamente podrá realizarse cuando abandone La Moncloa y conozcamos el desenlace de las investigaciones, la evolución de la economía, las consecuencias de la amnistía y el resultado de sus decisiones sobre Cataluña, Marruecos y Ceuta.
Por ahora, su presidencia aparece dividida entre dos imágenes.
Para sus partidarios, es el dirigente que protegió a los trabajadores durante la pandemia, amplió derechos, mejoró el empleo y se atrevió a dialogar para resolver el conflicto catalán.
Para sus adversarios, es el presidente que modificó sus principios, dependió de los independentistas y antepuso su permanencia en el poder a la palabra dada.
Como ocurre con todos los presidentes de esta serie, la verdad histórica probablemente contendrá elementos de ambas visiones.
Nota de actualización: Este artículo recoge los acontecimientos conocidos hasta el 7 de septiembre de 2026. Al tratarse de una presidencia todavía abierta, deberá actualizarse cuando Pedro Sánchez abandone La Moncloa.
